¿Eres mamá?, reinvéntate y sé mejor que nunca

Intentar ser la madre perfecta puede ser muy arriesgado. Hay que aceptar cuando se falla y ejecutar cambios

Más allá de estresarse por cumplir un rol inalcanzable, psicoterapeutas aconsejan a las mamás identificar fortalezas y debilidades y, si lo consideran necesario, reinventarse.
Martha Alicia Chávez, autora de Tu hijo, tu espejo; María Eugenia Ibarzábal, autora de ¡Mamá estoy gord@!; Grecia Rivera, psicóloga, y Arlette Ortiz, terapeuta familiar, describen algunas de las preocupaciones que las madres plantean con mayor frecuencia en consulta.
Si te identificas con alguna, aconsejan reflexionar si es tiempo de cambio.

Sobreprotección. Parte fundamental de la crianza es darle a los hijos las herramientas para que en el futuro puedan resolver solos sus problemas.

Si consideras que debes hacer cambios es importante que avises a tus hijos: “A partir de mañana te vas a bañar y a vestir solito porque ya puedes hacerlo. Si necesitas ayuda estoy aquí”, por ejemplo.

Manipulación. Cuando la vida de mamá gira en torno a los hijos y por ello hacen a un lado sus proyectos, es frecuente que experimenten frustración, que, eventualmente, transmiten a los hijos, quienes sienten culpa de que la madre no haya hecho su vida por haberse entregado por completo a su cuidado. Para evitar esta situación deben canalizar un tiempo para ellas y sus necesidades, y jamás decirles que se “sacrificaron” por ellos.

Perfeccionismo. Aspirar a ser la mamá perfecta con hijos perfectos y bombardear a los niños con exigencias los somete a altos niveles de estrés, pero además los hijos crecen con la idea de que si no son perfectos no valen y no merecen ser amados.

Si mamá no puede aceptar que alguna vez cometerá errores, tal vez se debe a que sus padres le pusieron como condición ser perfecta para aceptarla. Si es así, un psicoterapeuta puede ayudar.

Falta de tiempo. Si la mayor parte del día la pasas en el trabajo, el problema ocurre cuando el poco tiempo que convives con tus hijos no es de calidad. Es fundamental establecer un vínculo emocional estrecho con los hijos. El tiempo que les dedicas debes estar física y emocionalmente con ellos.

Considera que, si experimentas culpa, puedes tratar de compensarlos y complacerlos en todo, lo que origina que los hijos te manipulen.

Evita que se desdibujen los límites y ten presente que los hijos demandan mucha atención, por ello en ocasiones pueden percibir que no son lo suficientemente atendidos.

Límites. Evitar poner límites para que los hijos no se enojen es un error porque la disciplina les da a los niños la fuerza para enfrentar las experiencias dolorosas y soportar la frustración cuando no suceda lo que esperan.

El consejo es empezar por las fuentes de conflicto. Si el niño deja los zapatos tirados en la sala, hay que acordar el lugar en donde debe ir, y si el pacto no se cumple, determinar una consecuencia, como una tarde sin televisión.