No transmitas tus malos hábitos

La alimentación es factor esencial para el sano crecimiento y desarrollo de un niño. El ejemplo de los padres es crucial


Los padres son responsables de fomentar hábitos saludables que, a la larga, ayuden a prevenir enfermedades metabólicas como obesidad, hipertensión y diabetes.

Pero, ¿qué pasa cuando ellos son quienes propician hábitos nocivos en sus hijos? La obesidad infantil va en ascenso a nivel nacional y, aunque es una enfermedad multifactorial, la prevención es posible si los padres brindan una buena educación alimenticia.

La falta de lactancia materna, los hábitos de los papás, incluso comentarios negativos enfocados en el aspecto físico y el peso, son factores que afectan el sano desarrollo de un menor y pueden resultar en obesidad.

Durante el embarazo y la lactancia, es necesario fomentar hábitos que el pequeño pueda asumir por el resto de su vida.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que la leche materna se ofrezca desde el nacimiento y hasta los seis meses de forma exclusiva. Después del sexto mes, es posible que aumenten las necesidades calóricas del pequeño, por ello, otros alimentos vienen a complementar la lecha materna.

El destetar prematuramente al niño -antes de los seis meses- puede resultar en darle alimentos que no son de la mejor calidad nutricional y que, muchas veces, por la misma inmadurez del lactante para deglutir o masticar, ingiere en baja cantidad.

La OMS recomienda seguir con la lactancia hasta los 2 años, y combinarla con la dieta de la familia, así el niño tiene menos posibilidades de ser expuesto a alimentos azucarados como jugos o néctares.

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La especialista recomienda evitar las dietas estrictas en casa, incluso las que son a base de licuados.


De acuerdo a la pediatra, lo que los padres hagan por sus hijos en cuanto a salud nutricional, los primeros 3 años, cuando el sistema integral del pequeño está en pleno desarrollo, repercutirá por el resto de su vida.

Balancear los alimentos. Lo primero que se debe inculcar en los hijos, de acuerdo a la nutrióloga especialista en nutrigenómica, Alejandra Ponce, es disfrutar y balancear los alimentos.

“Lo peor que le pueden hacer a los niños es que le tengan miedo a las comidas. Pasa mucho que los papás les dicen a sus hijos: ‘¡No, el pan, no!’. Entonces, les crean ideas de que el pan les va a hacer daño y realmente los alimentos no son dañinos”.

La especialista recomienda evitar las dietas estrictas en casa, incluso las que son a base de licuados, porque es fomentar la idea de que para verse bien y bajar de peso basta con ingerir licuados durante una semana, y ¡listo! Esto provoca que los chicos dejen de comer ciertos alimentos que son claves en su desarrollo a temprana edad, o se sobrepasen con ellos para resolverlo con un licuado, “como lo hace mamá”, explica Ponce.

Los niños se dan cuenta de todo lo que pasa en la casa, agrega, por eso se deben evitar comportamientos inadecuados a la hora de la comida.
Por ejemplo, utilizar una servilleta para ‘quitarle’ la grasa a la pizza, porque, además, no le vas a quitar nada.

“Si vas a comer algo no tan saludable, disfrútalo y balancéalo con agua o una ensalada, porque ellos todo copian”. Otra sugerencia es que los padres no hagan comentarios sobre su peso o el de otras personas frente a los hijos.

“El hecho de que digan: ‘tal persona se ve más llenita o más pasada de peso’, a veces, ofende a los niños porque también están pasaditos de peso y escuchan que la mamá o el papá están hablando así de alguien más.

“Con eso empiezan ese tipo de técnicas que ya vieron en sus papás, de ‘ahora no voy a cenar’, ‘voy a tomar puros jugos’, ‘quito el pan’, y todo por estos comentarios, que si bien no son hacia ellos, los niños los toman así”.