Enseña independencia

“Debemos educar para que nuestros hijos sean aptos para vivir su propia vida... sin nosotros”, aconseja el pedagogo Vidal Schmill

Redacción. Qué quieres lograr con la educación de tus hijos?, ¿que sean felices?, ¿que sean profesionistas exitosos?, ¿que sean mejores que tú?

Tal vez te estás echando a la espalda una responsabilidad que no te corresponde y estás perdiendo de vista lo más importante, señala Vidal Schmill, pedagogo.

La función de mamá y papá, de acuerdo con el especialista, es hacer lo necesario para dejar de ser indispensables lo antes posible. Lo que incluye ayudar a sus hijos a superar sus temores, empujarlos para que se atrevan a hacer cosas, enseñarles a resolver conflictos y, en resumen, enseñarles a vivir su vida sin sus padres.

Pero dado que los niños de hoy son muy distintos a los de hace cuatro generaciones, las estrategias para educarlos tampoco pueden ser las mismas.

“Hacer lo mismo que hacían nuestros papás como lanzarnos una mirada fulminante para hacernos saber que estaban furiosos y que enseguida hiciéramos lo que ellos deseaban, ya no funciona.

“Estamos tratando de hacer el trabajo de hoy con herramientas de ayer y eso nos produce ansiedad inevitablemente”.

Mientras el discurso de los papás sea ajeno al de los hijos, ellos solo simularán poner atención, pero no recibirán el mensaje.

“Necesitamos actualizarnos, ponernos al día tecnológicamente en tendencias, en lenguajes, en comunicación. Tenemos que entender al chavo porque si no lo entiendes no vas a poder corregir, vas a tratar de imponer tus parámetros”.

La educación de los hijos debe lograr tres objetivos:

-Personas de bien: tiene que ver con valores, carácter, toma de decisiones y desarrollo ético de la persona.

-Personas en contacto: las habilidades sociales como la comunicación efectiva, la resolución de conflictos de manera no violenta y la empatía.

-Personas con significado y sentido en su vida: la expresión de talentos y el desarrollo de un proyecto de vida personal hará la diferencia entre un adulto frustrado y uno pleno.