Más noticias

Para combatir la obesidad infantil, comience desde el nacimiento o incluso antes

Es esencial evitar el exceso de peso en los niños y enseñarles unas lecciones vitales saludables

Comer en familia, le enseñara al niños a consumir alimentos saludable.
Comer en familia, le enseñara al niños a consumir alimentos saludable.

Estados Unidos

Los esfuerzos de prevención de la obesidad infantil probablemente deban comenzar desde el nacimiento para tener alguna esperanza de éxito, según los nuevos resultados de un par de ensayos clínicos.

Las madres primerizas a quienes enseñaron unas buenas estrategias sobre la nutrición durante el primer año de la vida de sus bebés al final tuvieron unos hijos de 3 años que eran menos propensos a tener sobrepeso o ser obesos, descubrió un ensayo realizado en Filadelfia.

Pero un ensayo clínico de Nashville, que se enfocó en niños de 3 a 5 años de edad, no logró cambiar el riesgo de exceso de peso de los niños, aunque el programa fue un esfuerzo mucho más riguroso para detener la obesidad infantil.

"Cuando se observa la prevención, hay que comenzar de verdad temprano", concluyó ladoctora Shari Barkin, investigadora principal del ensayo de Nashville. Barkin es jefa de pediatría general en el Hospital Pediátrico Monroe Carrel Jr., en la Universidad de Vanderbilt.

"La prevención no es algo que se haga durante un periodo corto, y no es algo que se haga justo antes de convertirse en obeso", apuntó. "Es algo que se debe comenzar pronto y que hay que sostener".

Alrededor de un 20 a un 25% de los niños de 2 a 5 años en Estados Unidos tienen sobrepeso o son obesos, apuntó el doctor Ian Paul, investigador principal del estudio de Pensilvania. Paul es profesor de pediatría en el Colegio de Medicina de la Penn State, en Hershey.

"Una vez un niño tiene sobrepeso o es obeso, es más probable que siga así durante toda la vida", dijo Paul. Debido a esto, es esencial evitar el exceso de peso en los niños y enseñarles unas lecciones vitales saludables.

En el estudio de Pensilvania, Paul y sus colaboradores reclutaron a 279 madres primerizas y a sus bebés poco después del parto en el Centro Médico Milton S. Hershey de la Penn State, en Hershey.

La mitad de las madres recibieron cuatro lecciones en casa de una hora de duración durante el primer año de la vida del bebé, que les enseñaban a reconocer y a responder a un niño que está adormilado, dormido, inquieto o alerta.

Las lecciones se enfocaron en el uso de métodos que no fueran comida para gestionar a los bebés insomnes o inquietos, y a reconocer y responder al hambre de forma adecuada, señalaron los investigadores.

"La comida es para el hambre. La comida no es para otras cosas. La comida no debe usarse para calmar. La comida no debe usarse como recompensa", enfatizó Paul. "La comida funciona para que la gente se sienta feliz, calmada o tranquila, pero no siempre debe ser la respuesta".

A los 3 años de edad, los bebés cuyas madres recibieron esas lecciones eran menos propensos a tener sobrepeso o a ser obesos que aquellos cuyas madres no recibieron esa orientación (el grupo de "control"), encontraron los investigadores.

Entre los hijos pequeños de las mamás entrenadas, un 11.2 por ciento tenían sobrepeso y un 2.6 por ciento eran obesos, en comparación con un 19.8 por ciento de sobrepeso y un 7.8 por ciento de obesidad en el grupo de control.

El ensayo clínico de Tennessee se enfocó en 304 parejas de padres e hijos con unos ingresos bajos, la mitad de los cuales recibieron consejería continua durante tres años, cuando los niños tenían entre 3 y 5 años de edad.

La consejería comenzó con 12 sesiones semanales de 90 minutos de duración de desarrollo de habilidades, en que enseñaron una buena nutrición, unos hábitos de actividad física, una crianza implicada, un sueño saludable y un tiempo reducido frente a los medios, apuntaron los investigadores.

Después de eso, los padres recibieron nueve meses de llamadas telefónicas de coaching al mes, seguido por dos años de mensajes de texto, cartas personalizadas y llamadas mensuales que les recordaban las oportunidades que había en el vecindario para mantener a sus hijos sanos y activos.

Aunque este programa implicó mucho más tiempo con los padres, los niños fueron iguales de propensos a tener sobrepeso o ser obesos que los niños en el grupo de control, encontraron los investigadores.

Los padres sí cambiaron sus conductas, lo que resultó en una diferencia de 100 calorías al día entre los dos grupos, pero eso no fue suficiente para evitar el aumento de peso promedio, dijo Barkin.

"Lograr unas cantidades suficientes de cambios en la conducta quizá no sea posible para estas poblaciones minoritarias con unos ingresos extremadamente bajos", lamentó Barkin.

Las personas en las que el equipo de Barkin se enfocó tenían una desventaja económica mucho mayor que el grupo de Paul, y esto podría haber planteado cierta diferencia, apuntaron los investigadores. El estrés tóxico y la inseguridad alimentaria pueden influir en el riesgo de obesidad de una persona de formas fundamentales, anotó Barkin.

La Dra. Claudia Fox, codirectora del Centro de Medicina Pediátrica de la Obesidad en la Universidad de Minnesota, se mostró de acuerdo en que las difíciles vidas de las familias de Tennessee también podrían haber contribuido al problema de la obesidad.

"Están preocupados por llevar comida a la mesa para sus hijos, y sabemos que el estrés puede conducir a la obesidad en los padres", comentó. "Es probable que parte del estrés también se transmita a los niños".

Pero el momento en que se realizaron los programas podría haber sido esencial, señalaron Barkin y Paul. Mientras antes se enseñan esas habilidades a los padres, mejor para sus hijos.

"Creemos con firmeza en la intervención temprana, antes de que esas conductas de crianza se arraiguen", dijo Paul. "Algunos propondrían intervenir incluso antes, durante el embarazo o antes de la concepción".

También, quizá la estrategia del ensayo de Pensilvania de visitas domiciliaras interactivas individuales fuera más efectiva que el programa comunitario utilizado en Nashville, comentó el Dr. Victor Fornari, director de psiquiatría pediátrica y adolescente en el Hospital Zucker Hillside en Glen Oaks, Nueva York, y en el Centro Médico Pediátrico Cohen en New Hyde Park, Nueva York.

"Parece que las visitas a domicilio podrían tener un mayor impacto que las estrategias educativas para desarrollar habilidades", dijo Fornari. "Se necesita más investigación para comprender cómo minimizar la obesidad y mejorar la salud en estos niños pequeños".

Fox tenía otra teoría, al notar que las mamás del estudio de Pensilvania estaban más cerca a un peso normal que las del ensayo de Tennessee.

"Quizá por eso no les fue tan bien, porque sus mamás tenían un poco más de peso", comentó respecto a los niños de Tennessee. "Tal vez simplemente tenían una genética distinta desde el principio".

Los ensayos clínicos se publicaron el 7 de agosto en la revista Journal of the American Medical Association.

Más información

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. tienen más información sobre la obesidad infantil.