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El motivo de que para los obesos bajar de peso resulte tan difícil

Las personas que están en proceso de bajar de peso deben saber qué comer

Para perder peso debe someterse a un plan alimenticio y ejercicio.
Para perder peso debe someterse a un plan alimenticio y ejercicio.

Estados Unidos

La obesidad no es fácil para quienes la sufren, pero una nueva investigación ofrece nueva información sobre por qué tan pocos logran alguna vez alcanzar un peso sano.


Resulta que las personas con sobrepeso y obesas tienen unas perspectivas marcadamente distintas sobre la dieta y el ejercicio que sus pares con un peso normal, encontró el estudio. En concreto, el sabor es su principal consideración al elegir qué comer, raras veces examinan las etiquetas de los alimentos, y su relación con la comida tiende a ser más impulsiva y emocional.

Y aunque muchos estaban abiertos a la idea de unas porciones más pequeñas de comida, por otro lado era menos probable que hicieran ejercicio que la gente con un peso normal.

El costo también era un factor, ya que muchos creían que los alimentos más saludables eran más caros.

¿Qué significa todo eso para los esfuerzos de salud pública para afrontar la epidemia de obesidad en EE. UU.?

"Existe una disparidad importante entres las políticas relacionadas con la comida y la mentalidad y las motivaciones de las personas con respecto a las que dichas políticas están diseñadas para tener un impacto en ellas", señaló el autor del informe, Hank Cardello, director del Centro de Políticas Alimentarias del Instituto Hudson en Washington, D.C.

"Estudios anteriores del Instituto Hudson han confirmado que los artículos más saludables están donde se cultivan [los productos alimentarios]", enfatizó Cardello.

Pero esa tendencia no parece aplicar a los estadounidenses con sobrepeso y obesos, cuyos "patrones de alimentación y actitudes reflejan la mentalidad de un consumidor más tradicional ejemplificado en los años 70 y 80", explicó.

"Esto sugiere que los métodos tradicionales educativos, que intentaban cambiar las conductas de la alimentación, no serían efectivas", añadió Cardello.

En la encuesta, los 2,000 entrevistados cayeron en cuatro categorías: un peso sano (un IMC de 18.5 a 24.9), sobrepeso leve (un IMC de 25 a 27), sobrepeso importante (un IMC de 27.1 a 29.9) y obesidad (un IMC de a partir de 30).

Las actitudes respecto a la comida variaron mucho entre los grupos.

Aunque un 44 por ciento de los del grupo de peso sano dijeron que la salud y la nutrición estaban entre las tres consideraciones principales al comprar comida, esa cifra cayó de forma constante a medida que el estatus de peso aumentó. Apenas un tercio de los participantes más obesos opinaban lo mismo.

Casi dos tercios (un 62 por ciento) de los encuestados más obesos admitieron que sabían que deberían comer de forma más saludable, pero que no lo hacían. Y era más probable que ignoraran las etiquetas nutricionales y optaran por refrigerios, papas fritas, pasteles, alimentos horneados, helado, galletas y refrescos.

También era menos probable que evitaran los edulcorantes o que buscaran edulcorantes naturales sin calorías.

Una nota positiva es que aunque un 60 por ciento dijeron que no renunciarían a los refrigerios ni los refrescos, sí dijeron que preferirían porciones más pequeñas.

Sin embargo, la mitad de los participantes con el mayor sobrepeso y obesidad citaron el precio como un motivo para no comprar comida más saludable. El grupo sano era más rico, y también tenía un mayor nivel educativo.

La actividad física también era un problema. Una cuarta parte del grupo más obeso nunca hacía ejercicio, frente a un 15 por ciento del grupo sano, encontraron los investigadores.

Los hallazgos de Cardello se publicaron en junio en un informe del Instituto Hudson.

"El mensaje histórico ’mercadeado en masa’ de comer más saludable y hacer ejercicio está destinado al fracaso en estas poblaciones vulnerables", concluyó Cardello.

"Por ejemplo, las etiquetas solas no están haciendo el trabajo", dijo, y pidió un mayor esfuerzo "por determinar las mejores formas de comunicarse con las cohortes con sobrepeso importante/obesidad para identificar la(s) forma(s) óptima(s) de fomentar el consumo de artículos que sean mejores para las personas".

Lona Sandon es directora de programa en el departamento de nutrición clínica de la Facultad de Profesiones de la Salud en el Centro Médico de la Universidad Texas Southwestern, en Dallas.

Expresó poca sorpresa ante los hallazgos, y anotó que "el fenómeno de que más conocimiento y educación no necesariamente cambian la conducta es bien conocido".

Sandon añadió que "gran parte de los mensajes de salud son sobre educación y concienciación. Esto quizá solo cambie la conducta de pocas personas, las personas que creen que hará una diferencia".

Y "como revertir la obesidad es más bien difícil, quizá las personas hayan intentado sin éxito perder peso al comer de forma distinta o añadir ejercicio. Cuando su estrategia no funciona, perciben que esas conductas son inútiles", explicó.

"El sobrepeso y la obesidad son tanto un problema sociocultural como de conducta personal", dijo Sandon. "Esto significa cambiar la forma en que construimos las ciudades, los ambientes laborales, la industria alimentaria, etcétera. Debe ir más allá de la educación y la concienciación".