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Harry, el príncipe que sentó cabeza

Tras una infancia marcada por la muerte de su madre y una adolescencia loca, figura por su altruismo y simpatía.

Londres, Reino Unidos.

Son muchos los que todavía guardan en su retina la imagen del adolescente príncipe Harry con el aire perdido que caminaba junto a su hermano William siguiendo el féretro de la princesa Diana por las calles de Londres en 1997.

“No hay un solo día en que Guillermo y yo no deseemos que estuviera viva. Nos preguntamos qué clase de madre sería ahora, qué papel público tendría”, aseguró.

Los Juegos Invictus para veteranos de guerra es una de sus grandes iniciativas sociales.


Los dos hermanos se impusieron la tarea de elevar y cuidar el recuerdo de su madre, cuyo divorcio de su padre la enfrentó a la casa real y la condenó al ostracismo institucional, pero no al del pueblo, que le dispensó unos funerales de reina.

Enrique, apodado Harry, nació el 15 de septiembre de 1984, dos años después que su hermano Guillermo, y era lo que en el argot monárquico se conocía como “rey de repuesto”, por si fallaba su hermano.

Es un apasionado del polo, pasión que comparte con su hermano Guillermo.


Combatiente en Afganistán

Este joven enérgico de cabello pelirrojo difícil de domar tuvo una adolescencia movida.

Confesó haber fumado cannabis, apareció vestido de nazi en una fiesta y los tabloides publicaban regularmente fotos suyas a la salida de bares y discotecas, en compañía de bellas jóvenes aristócratas o de las que fueron sus novias en diferentes periodos, como la zimbabuense Chelsy Davy y, más tarde, Cressida Bonas.

El príncipe Harry es también un veterano de guerra de Afganistán.


El proceso de redención se inició con su alistamiento en el ejército. En 2008, tras una indiscreción de la prensa, se supo que se encontraba en misión en Afganistán, por lo que todo el país le acompañó en su decepción cuando tuvo que ser repatriado de urgencia por razones de seguridad a consecuencia de esa filtración.

Más tarde se supo que durante su estancia se comportó como un perfecto camarada, además de un excelente jefe de filas. Conjugó su pasado militar con la beneficencia con su iniciativa de los Invictus, una competición deportiva internacional al estilo de los Juegos Paralímpicos y reservado a heridos y discapacitados de guerra.

Tras una vida marcada por la rebeldía, el príncipe Enrique de Inglaterra culmina su viaje a la madurez a los 33 años con su boda con Meghan Markle mañana sábado.