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La importancia del primer amor en la adolescencia

Los padres pocos respetuosos de las elecciones de sus hijos podrían despertar la rebeldía en los adolescentes y dañar la comunicación en el hogar.

El consejo es dialogar con ellos para hacerles saber que el noviazgo es fundamental para su crecimiento como persona, pero no más relevante que sus estudios.
El consejo es dialogar con ellos para hacerles saber que el noviazgo es fundamental para su crecimiento como persona, pero no más relevante que sus estudios.

La "edad del ensueño" no sólo trae consigo enormes cambios físicos y psicológicos. A veces, también trae al amor. A los 15 años, muchos jóvenes inician el primero de sus noviazgos.

Y ante la noticia de que su preparatoriano hijo ya anda de novio (o de novia, según el caso) la recomendación es que evite poner el grito en el cielo. Tómelo con calma, filosofía y aceptación.

"En esta edad, los jóvenes atraviesan por un momento de transición en el que hay segregación de hormonas sexuales. Se conciben con más independencia, sus amigos cobran mayor relevancia y buscan una pareja para platicar, divertirse y compartir sus sentimientos", dice Priscila Vera, directora del Instituto Mexicano de la Juventud.

Hay tiempo para todo. De acuerdo con la experta, el inicio de la relación implica un reajuste en el tiempo y las jerarquías de la joven pareja. Probablemente, a partir de ese momento la prioridad ya sea el amor; en segundo plano quedan los amigos, la familia y la escuela.

"Para algunos adolescentes, el amor llega a representar su máximo en la vida. Su pareja es aquella persona a la que quieren amar, con quien quieren interactuar. Quieren gozar de su compañía", platica Vera.

Sin embargo, los padres deben intervenir, marcando horarios definidos si resulta que sus hijos planean pasar todo el tiempo con la pareja y por ello descuidan aspectos importantes, como los estudios.

El consejo es dialogar con ellos para hacerles saber que el noviazgo es fundamental para su crecimiento como persona, pero no más relevante que sus estudios y el resto de las relaciones sociales. Nada mejor que tener buenas calificaciones y una vida emocional plena.

"Hablar con sus hijos es una forma de consolidar la relación entre ambos y una oportunidad para que los jóvenes expresen sus temores e inquietudes. En la charla, pueden orientarlos acerca de cómo relacionarse y ayudarles a encontrar el punto medio entre el tiempo que le dedican a la familia, a la escuela y a su pareja", platica la también maestra en Derecho.

Detector de problemas. La comunicación es primordial para detectar algún conflicto en la relación y poder ayudar. Según Vera, uno de los más grandes problemas que se ha encontrado en las relaciones de noviazgo, sin importar el nivel socioeconómico o de escolaridad, es la violencia, ya sea física, psicológica o emocional.

"Se puede hablar de violencia física entre parejas jóvenes que se dan pellizcos, nalgadas, empujones y zapes. Y lo peor es que muchos chicos no están conscientes de ello; lo ven como un juego o algo normal en la relación. Pero si nos proyectamos a una relación de matrimonio, puede resultar en violencia intrafamiliar", asegura.

Entre las manifestaciones de la violencia psicológica, destacan los celos, las limitaciones en la forma de ser o de vestir del otro y las prohibiciones a relacionarse con determinado círculo de amigos o incluso con la familia.

Todas las actividades anteriores, violentas, son la antítesis del amor verdadero. Pueden ocasionar disminución del rendimiento escolar, baja autoestima, trastornos alimenticios, inestabilidad emocional o hasta suicidios. Lo más importante es que los padres estén muy atentos, que apoyen a sus hijos.

Si los jóvenes no perciben que hay violencia, quizá sus padres sí lo noten y puedan orientarlos para conducirlos a establecer relaciones positivas.

El primer noviazgo sienta las bases de las relaciones amorosas que se construyan en el futuro. Lo ideal es un noviazgo donde haya respeto mutuo, cariño, comunicación, tolerancia, igualdad, ayuda y búsqueda de metas e ideales.

La mejor forma de ayudar. Con tal de evitar riesgos, lágrimas y dolores de cabeza, algunos padres optan por la prohibición tajante. "No estás en edad para andar de novio" y "qué novio ni qué nada" son frases comunes que, en muchos casos, sólo orillan al: "Sí, seamos novios, pero a escondidas".

El noviazgo es una experiencia que los jóvenes tienen que vivir. Es un proceso por el que deben pasar, con el fin de desarrollarse emocionalmente y algún día formalizar su vida en pareja si es que así lo desean.

Los padres pocos respetuosos de las elecciones de sus hijos podrían despertar la rebeldía en los adolescentes y dañar la comunicación en el hogar. En caso de noviazgos ocultos, los progenitores difícilmente podrían ayudar si existiera algún problema.

Hay que dar un poco de libertad. Asesorarlos, pero también entender que son jóvenes que comienzan a tomar sus propias decisiones. Lo mejor en este caso es ser amigo y asesor. Hay que darles confianza y consejos, más que imposiciones.

Por otro lado, el temor de los padres a que sus hijos tengan una relación de pareja, en la mayoría de los casos, no responde al noviazgo como tal, sino al inicio de las relaciones sexuales.

Es cierto que, en el peor de los casos, pueden llevar a embarazos no deseados o transmisión de enfermedades. Para prevenir esto, más allá de avalar o sentenciar la actividad sexual, los padres deben mostrarse como fuente de orientación e información.

Lo ideal es que los padres apoyen a sus hijos. Muchas veces no piensan que la relación sea seria. En el colegio les pedimos que se comuniquen con los jóvenes, que los escuchen y respeten sus sentimientos.