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Que no se duerma

San Pedro Sula, Honduras

Las cosas de palacio van despacio, enseña la sabiduría popular, pero en nuestro caso hay que añadir “despacísimo” por burocracia, recursos y, sobre todo, por pugna de intereses, que no siempre se hallan en la superficie, sino que se van desplazando de oficina en oficina, de funcionario en funcionario en elevados niveles.

Hay que tener paciencia, aconseja la fuente oficial, para que el proyecto sea integral, de beneficio para la población y de orgullo para la Capital Industrial del país; sin embargo, para quienes, por décadas, tuvieron que sobrevivir con el grave problema como vecino, la espera, tras los anuncios y la publicidad, se hace eterna.

Nueve meses después de clausurar definitivamente el presidio sampedrano, las instalaciones en ruina y el predio abandonado se han convertido en un nuevo riesgo para la misma población, que lanzó “cohetes” cuando salió del barrio el convoy con los últimos reos. De inmediato, la actividad de los ciudadanos cambió el rostro de la zona, así como la instalación de negocios en la cercanía; pero se va dando largas a la demolición de los derruidos inmuebles, a la limpieza del solar, a la llegada de maquinaria y al comienzo de la construcción de un distrito de tecnología, cultura y emprendimiento.

Desde la oficina municipal de Parques y Recreaciones explican que la complejidad de los planos del proyecto “va a llevar un poco de tiempo”, lo que mantiene la preocupación de las familias del barrio Cabañas y de otras colonias de la zona, y no es para menos, pues hay ejemplos en la ciudad de obras “seculares” que esperan un milagro. Hay disponibilidad de 60 millones de lempiras a la espera de que “cargue” algo más la nube para comenzar ese primer trabajo en el predio, demolición y limpieza, alejando así el riesgo de epidemias que, con las lluvias y el calor, se pueden originar en el lugar.

A la urgencia con que clama la población responde el personal municipal que hay que ser pacientes: “Estamos esperando unos fondos que en este mes posiblemente los tendremos para empezar la demolición”. Queda la palabra empeñada a la que LA PRENSA dará seguimiento, pues es el clamor de una población que para sus vidas y sus propiedades el cierre del presidio fue la culminación de los anhelos por décadas para seguridad personal y familiar, para una mayor valoración de los bienes y el mejoramiento de la calidad de vida en la ciudad. Como dicen en la aldea: “No hay que dejarlo dormir”.