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Emergencia

Emergencia local han declarado las municipalidades del Corredor Seco por la pérdida de cultivos cuya consecuencia inmediata no se reflejará en la alimentación, pero sí dentro de unos meses cuando se terminen las reservas y no haya cosecha porque la sequía agotó los cultivos. Las pérdidas son irreparables, como lo vienen siendo en los últimos años, unas veces más y otras menos, pero manteniendo el campo sumamente vulnerable a un régimen de lluvias cada vez más irregular.

Aunque el anuncio de Copeco proporcione un pronto fin de la sequía, la pérdida, a juzgar por los agricultores, ya está hecha por lo que la emergencia se concentra en mitigar las consecuencias en miles de familias que necesitarán alimentos y muchos de los productores tratamiento especial en los créditos obtenidos para la siembra. Hay mucha preocupación para no ser afectados en futuras solicitudes de préstamos que se respaldan con las cosechas, un fiasco este año por las secuelas, cada vez más graves y perniciosas, del fenómeno innegable del cambio climático.

En países del hemisferio norte, en la estación de verano, los niveles en los termómetros han alcanzado niveles desconocidos y lo que para ellos que disponen de recursos, se contrae al enriquecimiento de estadísticas, para los países como Honduras contribuye a mayor pobreza y al aumento de necesidades fundamentales como es la alimentación de superviviencia. Y como dicen en el pueblo, esto va para largo. Las emergencias se pueden suavizar con la llegada de las lluvias, pero la amenaza, en aumento, continuará en la siguiente temporada de verano.

Hace unas décadas, la vista hacia el horizonte en busca de nubes era tema en los primeros días de mayo como punto de arranque para la siembra. Desde hace unos años hemos ido desbaratando el desarrollo habitual de los fenómenos naturales y la ruina será mayor en la medida en que vayamos destruyendo la casa común al afectar el ambiente con la contaminación, con la sobre explotación de la riqueza natural, con la eliminación de extensas áreas boscosas productoras de oxígeno y protectoras de la capa fértil de la tierra. Los grandes contaminadores son otros, pero también los pequeños tenemos reponsabilidad.

Vamos de emergencia en emergencia y a esto hay que ponerle fin con el uso eficiente y racional del agua; con sistemas de riego a imitación de países que cosechan en el desierto; con respaldo a las comunidades más expuestas y con un plan de producción agrícola destinado a asegurar la alimentación, sobre aquellos cultivos para el mercado internacional. Miles de familias demandan respuesta para, por lo menos, sobrevivir a la emergencia en el campo.