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Mala fortuna

El Fiscal General se ha convertido en el verdugo de la política antiimigrante de la administracióm Trump que mantiene la escalada de “cero tolerancia”, cuyo principio se ciñe a fronteras seguras, las personas, individual o grupo familiar, son fenómenos “colaterales”, cuya valoración, como si fuese la bolsa neoyorkina, se halla en los niveles más bajos de la historia norteamericana.

He aquí la más reciente expresión del fiscal Jeff Sessions: “Una persona puede sufrir amenazas y violencia en un país extranjero por muchas razones relacionadas con circunstancias sociales, económicas y familiares. Pero el estatuto de asilo no proporciona una solución a esa mala fortuna”. No sabemos si estas últimas palabras son sinónimo de “mal destino” o del determinismo como doctrina filosófica, la realidad, efecto de una causa con la que han de cargar las víctimas de las consecuencias aunque en las causas haya generadores de situaciones que desvían la mirada.

Hace unos días, en nombre de cero tolerancia, cuya bandera alzó solemnemente el fiscal, un inmigrante hondureño se suicidó en la celda tras ser separado por la fuerza de su esposa e hijo mientras esperaba la resolución sobre el pedido familiar de asilo. Desde los cuatro puntos cardinales de la Unión Americana se han escuchado voces de condena por la separación forzada familiar, utilizando los niños para golpear los sentimientos más profundos de las familias inmigrantes y desalentar, pese a los reclamos, incluso de la ONU, la llegada y el paso ilegal de migrantes por la frontera sur de Estados Unidos.

Las presiones desde el sur hacia el norte no son exclusivas del continente latinoamericano; Europa, con un mar por medio, es la ansiedad de miles de personas de los países subsaharianos que ven en las costas italianas, las más cercanas a la costa africana, junto con las españolas, su tierra de “leche y miel”. También van surgiendo gobiernos antiimigración que dan la espalda al desarrollo de países, fuentes de migración, que hasta mediados del siglo pasado fueron colonias explotadas por los europeos.

Quizá se llegue a la denuclearización de la península de Corea, pero hay otro armamento más peligroso, la pobreza, desempleo, inseguridad y hambre en regiones del globo donde se integrarán éxodos masivos, pues quienes arriesgan su vida en su país, no tienen más que perder y desde el Triángulo Norte, los países africanos o la zona de guerra en Oriente Próximo seguirá viva la utopía del “sueño”, aunque al abrir los ojos quizás se llegue a autoculpar de ser víctima de su “mala fortuna”.