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Gaza

Desde la fundación del estado de Israel, y que obligó a un reasentamiento obligatorio de buena parte de la población palestina de la zona, el equilibrio político en el Medio Oriente ha sido sumamente delicado. A tiempos de relativa calma, les suceden épocas violentas con saldos mortales que generan preocupación no solo para los habitantes de esa parte del planeta sino para el mundo entero.

El último estallido de violencia ha significado, hasta ahora, más de sesenta muertos, todos del lado palestino, en concreto pobladores de la Franja de Gaza. La causa de esta nueva crisis: el rechazo, por parte de los habitantes de ese territorio, del traslado de la embajada de los Estados Unidos a Jerusalén. Lo cierto es que esta decisión estadounidense ha roto un consenso internacional que ha buscado, durante más de medio siglo, puntos de coincidencia entre judíos y palestinos y evitar nuevas fricciones entre estos dos pueblos.

Hasta hace algunos años parecía que la solución a este sempiterno conflicto era la creación de un estado palestino, más allá de la actual Autoridad, con unas fronteras claramente definidas y que ambas naciones pudieran convivir respetándose mutuamente, en igualdad de condiciones. Evidentemente, habría que superar las diferencias internas y puntos de vista contrarios dentro del mismo pueblo palestino, uno más proclive al diálogo, otro más confrontativo, para darle oportunidad a una paz que tantas generaciones han deseado.

De muchas maneras, el traslado de las embajadas de algunos países a Jerusalén no aporta a la pacificación de la región y más bien provee argumentos a los radicales de uno y otro lado. Ya más de un internacionalista ha señalado que esta ciudad, santa para tres grandes religiones, debería de poseer un estatus que superara los localismos para evitar que continúe siendo la manzana de la discordia, o que, tanto judíos como palestinos, puedan compartir la capitalidad de la ciudad, con todo lo complejo que eso pudiera resultar.

Por ahora, esta nueva crisis, generada con la apertura de la embajada norteamericana en la ciudad de las tres religiones y la represalia contra la población civil palestina, significa un serio retroceso para los esfuerzos pacificadores de todos los países que han procurado colaborar con la normalización de las relaciones entre las dos naciones.

Mientras tanto, la vida de los habitantes de la Franja de Gaza, transcurre entre la incertidumbre, la represión israelí y la violencia. El presidente Trump ha dicho que hay solución para esta problemática, pero hasta ahora no ha dicho en qué consiste. Habrá que darse prisa, porque hay muchas vidas humanas en juego, y no deben seguirse perdiendo más.