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La más alta expresión del amor

Sin duda que de los himnos que los hondureños aprendimos en nuestra niñez, además del Himno Nacional, uno que todos sabemos de memoria es el de la Madre. Es evidente que la persona a la que está dedicado es tan importante, fundamental, en la vida de cada uno, que se grabó y permanece en la memoria como ningún otro.

Ese himno dice, entre otras cosas, que la palabra “madre” encierra “la más alta expresión del amor”. Y hoy, en LA PRENSA, queremos además de felicitar a todas las madres de Honduras, ya sea que vivan aquí o estén en cualquier lugar del mundo, reflexionar junto con los lectores sobre el sentido de ese verso.

El amor, un concepto que ha sido interpretado de mil maneras, encuentra en la madre su expresión más pura y cristalina. No hay un afecto humano más generoso, más desprendido, más sincero, que el que brota de un corazón de madre. El amor materno es, en primer lugar, incondicional. La madre ama, precisamente, sin poner condiciones. No exige a los hijos unas cualidades físicas o intelectuales o de carácter, para manifestarse. Es más, entre menor sea el estado de salud o de belleza de un hijo, más lo ama. Parece que cuando hay que velar la cuna de un niño enfermo o de sufrir la mala conducta de uno adolescente o mayor, su corazón se ensancha, crece, y se vuelve más comprensivo y acogedor. Mientras los demás nos juzgan o critican, la madre justifica y continúa queriendo.

En segundo lugar, el amor materno es desinteresado, lo da todo sin pedir nada a cambio. La madre sabe que, algún día, el hijo que hoy alimenta con su propio pecho y se cobija indefenso entre sus brazos se marchará y olvidará todos sus mimos, cuidados y atenciones, pero no por eso deja de desvivirse por él. Luego de haberle dado la vida con su misma sangre y de haber arriesgado la propia durante un embarazo a veces complicado, con alegría y satisfacción ve cómo aquel niño se convierte en hombre y busca su particular destino lejos de ella. Y no por eso cultiva rencores ni reclama atenciones sino, más bien, disfruta verlo volar y tomar altura; goza cuando encuentra con quien compartir el futuro, aunque ello implique pasar a segundo o tercer plano.

Finalmente, el amor materno es generoso. Nadie más y con más gusto, que la madre. Nadie se entrega con tanta plenitud. Por eso más adelante, el Himno a la Madre señala también que “no puede haber en la tierra una imagen más clara de Dios”. Porque se prodiga en servicios aunque reciba a cambio ingratitud o indiferencia.

Felicidades, en su día, madrecitas hondureñas.