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Nada hay oculto...

“En casa de herrero, cuchillo de palo”, es la sabiduría popular al referirse a personas que por su profesión, oficio o cargo debieran ser modelo en la sociedad para no escuchar la también frase clásica “médico cúrate a ti mismo”, aunque en el caso al que nos referimos hay que hablar de tiempo pasado y personas de entonces con el reconocimiento, también del saber popular que señala que “nada hay oculto que no llegue a conocerse”.

Los titulares con dimensión de su contenido pocas veces visto, centenares, en concreto 600 delitos entre siete acusados, unos más otros menos, dan para rato en las especulaciones del ambiente jurídico, pero habrán de ser las puntualizaciones concretas contenidas en los documentos las que vayan señalando los “desvaríos” por los cuales se llevó a cabo la audiencia de declaración de imputados en el juzgado en materia de corrupción. No se trata se dilucidar sobre lo que durante años se especulaba al introducir en el caso la sibilina distinción de forma y fondo, tabla de salvación en el pasado para corruptos.

Los consejeros, no concejales como han sido identificados, pues esta palabra tiene otro significado, del Consejo de la Judicatura y la Carrera Judicial con su presidente al frente, se consagraron expertos en solicitar y gastar viáticos para viajes fantasmales con los que respaldaron los recursos recibidos, de tal manera que aunque también hay requerimientos por abuso de autoridad, la mayoría se concentran en malversación de caudales públicos. El escuchar las explicaciones de los requeridos tendrá como complemento sustancial la documentación, pues los papeles hablan, y la búsqueda durante dos años los ha proporcionado a montón y con detalle.

Aunque el derrotismo llegó en algunos momentos a crear un clima generalizado en la sociedad hondureña, sin pensar que ya ha desaparecido, los más recientes golpes de la lucha contra la corrupción son mensajes alentadores de que hay cambio. Habrá, sin embargo, quien intente “jugársela”, pero ya no será tan fácil y no contará con la complaciente pasividad en la sociedad, de arriba para abajo con la certeza de que con el paso de los años, con la salida del poder no habrá oculto que no se conozca. Al buen entendedor con pocas palabras.

“Se supone que los funcionarios que aquí trabajamos debemos ser los más honrados, los más honestos y los más probos en cuanto a actos de corrupción”, señaló una fuente judicial. Hoy los exconsejeros están en manos de la justicia, no que tienen la justicia en sus manos.