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Otro llamado al diálogo

Durante la presentación del informe final de la Misión de Observación de la Unión Europea, presente en Honduras durante las elecciones generales del pasado noviembre, su jefa, la portuguesa Marisa Matías, ha señalado, entre otras cosas, que es necesario que los hondureños nos sentemos a dialogar cuanto antes.

La necesidad del diálogo es sentida por todos los hondureños que de verdad queremos a este país, y no solo para salir del atolladero político en el que nos han metido, sino para trazar una ruta que nos permita no repetir los errores del pasado y, sobre todo, aunar esfuerzos para tirar todos en la misma dirección.

Los problemas de este país nos afectan a todos, ricos y pobres, cultos e iletrados. Las razones que nos mantienen en el rezago económico, educativo, sanitario, en el área de las comunicaciones, etc., deben preocuparnos a todos y, por lo mismo, todos debemos involucrarnos en su solución. Ni los nacionalistas solos ni los liberales, ni los de la Alianza, ni los sin partido, podrán sacar adelante a Honduras sin el concurso de sus competidores políticos. El mapa de las preferencias actuales de los hondureños, en vista de que no hay una formación política verdaderamente mayoritaria, tal y como demostraron las elecciones de noviembre, nos obliga a conciliar, a dialogar, a buscar acuerdos. Los que pretenden desconocer esta realidad o mantienen una agenda oculta o aspiran a obtener otro tipo de beneficios, quién sabe de qué naturaleza o procedencia.

La conducta de la aplastante mayoría de los hondureños ha demostrado que rechaza la confrontación. Independientemente de las preferencias partidarias, el deseo de mantener la paz ha vencido los peores vaticinios. Hoy por hoy, no obstante, han llamado a la “insurrección”, pero los hondureños lo que queremos es concordia, paz y tranquilidad para trabajar, estudiar, progresar. No hace falta que alguien de fuera venga a decirnos que nos sentemos a la mesa del diálogo, el diálogo es una exigencia de la propia historia nacional.

Los políticos de este país deben aprender a escuchar el discurso de la calle: del conductor del autobús, de la vendedora de frutas y verduras, del taxista, del padre de familia con hijos en edad escolar, el del obrero de la construcción, el del estudiante universitario, etc. La mayoría, la enorme mayoría, apuesta por el diálogo. Al final, los que se mantengan en su terca sordera se quedarán a la vera del camino, terminarán en el basurero de la historia.