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¿Velocidad?

¿Exceso de velocidad? No exagere, íbamos a vuelta de rueda, es la respuesta de irresponsables conductores de autobuses urbanos e interurbanos y de aquellos, jóvenes y no tan jóvenes, que por muy distintas causas, ninguna justificable, le “pegan” a la velocidad en bulevares y amplias calles. Las estadísticas muestran que ha disminuido el número de accidentes; pero aumenta el de víctimas por culpa de quienes creen tener un bólido de Fórmula 1 o se figuran transitar en autopista, freeway, como se dio en llamar a los bulevares hace más de 20 años cuando las carretera de entrada de la Capital Industrial fueron agregando más espacios para los automotores, cuyo número en estas dos décadas se ha disparado.

Si a las condiciones de los vehículos, conductores y bulevares añadimos que ni para remedio se encuentran patrullas policiales en las rutas habrá las condiciones perfectas para escenificar la selva en la que “sálvese el que pueda” y en este caso, por el orden, autobuses, con “patente de corso”, pesados camiones, motocicletas y carros particulares. Todo un conglomerado heterogéneo al que ni las autoridades son capaces de poner orden, por lo que manejar a la defensiva es el consejo más prudente para el conductor y su familia que diariamente van a sus trabajos, al centro educativo y los fines de semana, en el nombre de Dios, buscan esparcimiento.

¿A qué velocidad iría el autobús en el que una pasajera murió y 19 resultaron heridas por choque y volcamiento de la unidad? O aquel vehículo, hace unos días, que arrolló a un matrimonio joven. Los casos rayan en lo infinito. Basta circular por los bulevares para invocar a todos los santos cuando se acercan las unidades interurbanas que pelean a los viajeros de la ciudad, aunque para ello al exceso de velocidad se una el abandono de la ruta para capear semáforos y llegar primero a los lugares donde hay pasajeros.

¿Semáforos? ¿Alto en la esquina de la avenida? y ¿qué es eso? Puede parecer exagerado, pero si en el editorial de la edición de ayer nos referíamos a los incendios forestales como otra cara del verano, la trágica, hoy nos referimos al también rostro de las tragedias viales que en estos meses se multiplican. Con el fin de disminuir el luto y el dolor se ha iniciado ya la revisión mecánica de las unidades para prevenir y mitigar los riesgos en los viajes. Pero el cien por ciento de las tragedias son producto de la irresponsabilidad de los conductores, el poco respeto a la vida de otros conductores, viajeros y peatones, y la escasísima vigilancia de agentes de Tránsito. Todo un coctel explosivo, listo en todo momento como bomba de tiempo.