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Paso cualitativo

San Pedro Sula, Honduras

En las conversaciones o en las exposiciones de asesores cuando se habla del progreso, de los avances en los ámbitos individual o colectivo se distinguen claramente las metas cuantitativas y cualitativas, siendo las primeras de más fácil calificación, aunque las segundas consagran el éxito deseado y alcanzado mediante la planificación, gestión y logro final.

Durante los últimos años, la bandera de los doscientos días de clases ondeó como orgullo del avance en el sistema educativo público, no era para menos, pues hubo que eliminar el lastre de décadas con el que se protegían dirigentes magisteriales, activistas de los grupos magisteriales y todos los que en torno a ellos hacían coro.

Con gran esfuerzo se logró quebrar el muro y llenar la fosa que rodeaban aquellos castillos medievales en los que se guarecían los eternos, los “históricos”, como les gustaba ser calificados. Desmantelado aquel sistema, el logro inmediato fue rescatar el orden, aplicar el calendario escolar, cumplirlo y eliminar aquellos obstáculos ajenos a las tareas escolares, cercando los gustos, las afiliaciones políticas y las protestas sectarias al área individual sin afectación del horario laboral. Hoy puede parecer “fácil”, pero sacudir el árbol resultó complicado, pues comenzaron a “caer” los permanentes colados en el presupuesto educativo.

Viene la segunda etapa, más difícil y complicada que la primera, pero urgente y necesaria para completar el proceso y así ir sentando definitivamente firmes bases de un desarrollo cada vez más necesario para el bienestar y el mejoramiento de la calidad de vida de todos los hondureños. Tres componentes fundamentales marcarán la ruta de la reforma educativa: evaluación de la idoneidad del recurso humano; actualización de programas, recursos pedagógicos y marco jurídico, y las exigencias de la sociedad en constante renovación, que hacen de la capacitación un imperativo permanente, de manera que a los aspirantes a ingresar al sistema educativo se les elimine de su mente aquello de que ya estoy dentro, pues hasta que me jubile.

Falta, sin embargo, hallar la piedra filosofal, es decir, aquella fórmula adaptada a nuestro días, pero también con dimensión de futuro, ya que “fue un buen profesor, pero se ha anquilosado”. Del sistema educativo debe surgir la inmunización, debido a que el “renuevo generacional” puede resultar fallido por menospreciar la celeridad que exige, cada vez más, la sociedad.

Es hora de iniciar la nueva ruta en el sistema educativo hacia las metas cualitativas que den la oportunidad de mejoramiento en la calidad de vida a los hondureños.