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Gracias, don Jorge

Para que un país tenga un perfil cultural bien definido hacen falta hombres y mujeres que ayuden a concretarlo. En el caso de Honduras es fácil identificar los nombres de algunos que como don Rafael Manzanares, doña Serafina de Milla, Guillermo Anderson, don José Antonio Velásquez o don Jorge Montenegro, se dieron a la tarea de interpretar el alma nacional y ponerle palabras, música o color.

El reciente fallecimiento del último de los enumerados, don Jorge Montenegro, trajo a la memoria del pueblo hondureño, aquellos Cuentos y Leyendas que recogieron las tradiciones orales de muchas de nuestras comunidades y que hicieron sentir auténtico miedo a adultos, jóvenes y niños de por lo menos una generación entera. Antes de que la televisión llegara a todos los hogares del país, y la radio, por propia naturaleza, fuera el medio de comunicación de masas por excelencia, miles de familias se congregaban alrededor de un radio receptor para escuchar historias de aparecidos y fantasmas o de personajes míticos como La Sucia o El Cadejo, que no sólo servían para entretenerse sino, también, para conocer un aspecto importante de la cultura popular. Los Cuentos y Leyendas de don Jorge, incluso sobrevivieron a la transición de la radio a la televisión, puesto que muchas de sus historias fueron llevadas a la pantalla chica durante una temporada. Y, aunque en vida recibió reconocimientos y homenajes, es ante su ausencia que se valora más su aporte a esa definición del perfil de la nación.

En países en los que los índices de analfabetismo son elevados, y para cuando la transmisión de Cuentos y Leyendas comenzó andaba casi en el cincuenta por ciento en el nuestro, la tradición oral cumple un rol fundamental en la conservación del imaginario popular. Cuando una tradición ha sido transmitida de boca en boca durante mucho tiempo es normal que sufra auténticas metamorfosis. Sin embargo, cuando esta se fija por algún medio, aunque luego se difunda, habrá adquirido una forma y un contenido más estable y se incorpora al acervo cultural con mayor facilidad.

Cuando don Jorge puso por escrito sus Cuentos y Leyendas; algunas basadas en tradiciones y anécdotas personales llegadas vía correo ordinario desde los más lejanos rincones de la patria, les dio un valor literario mayor y logró que llegaran a ser conocidos por toda la población.

¿Qué movió a don Jorge a dedicar tantos años de su vida a semejante tarea? Aparte de una satisfacción personal, seguro que un gran amor por esta tierra. Por eso Honduras y su gente han manifestado un gran pesar ante su desaparición física. Ojalá que las nuevas generaciones conozcan su legado y reiteren su gratitud a este ciudadano que nos reveló parte de nuestra idiosincrasia y nos hizo sentir orgullo de nuestra hondureñidad.