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Oportunidad

Va tomando forma la oportunidad de diálogo incluyente e incondicional al desaparecer obstáculos que antes de la toma de posesión parecían infranqueables, pero con la representación nacional, la respuesta de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos posibilitan los primeros pasos para hablar en el entendido de que no haya diálogo de “sordos” ni ninguno de sus participantes sea “de piedra” en las reuniones y se desborde en los medios y en las redes. En pocas palabras, hablar entre adultos.

Una de las personalidades mencionada para facilitar el diálogo se refería a los conflictos armados en la región en la segunda mitad del siglo pasado o al larguísimo enfrentamiento en Colombia que finalizaron “hablando”, y señaló cuánto más se puede alcanzar una solución en el problema político de Honduras, lo cual es esperanzador para que la paz y la tranquilidad vuelvan al quehacer diario y que se refleje optimismo por muchos que sean los problemas y múltiples las dificultades.

A las cartas enviadas por el Gobierno y la oposición al máximo organismo mundial, hay respuesta y una misión en camino que “llegará al país esta semana para contribuir con los acercamientos de los sectores... Van a recabar información de las partes en conflicto y transmitirán los datos a los facilitadores del diálogo”, explicó Efraín Díaz Arrivillaga, miembro de la junta convocante.

Aunque todavía, ayer mismo, no se conocían los nombres de los enviados por la ONU, desde la sociedad civil se han propuesto algunos facilitadores que podrían abrir la ruta, trazar la agenda de acercamiento después de escuchar a las partes y, finalmente, comenzar la comunicación más perfecta entre ellos, hablar y escuchar, diálogo, del cual debieran surgir acuerdos para la solución de los problemas tanto en el campo político, reformas imprescindibles para no tropezar en la misma piedra, como en el área social que son, sin duda, lo más cercano a cada persona y a las familias hondureñas. Los primeros apuntan a corto plazo; los segundos, también urgentes, trazan su meta más lejana, con objetivos a mediano plazo y actividades inmediatas: exclusión, inequidad, pobreza, inseguridad, desempleo...

La tarea no es de 24 horas, pero sí del día a día en los que, con clara visión de las políticas, la continuidad es un imperativo categórico para la supervivencia en camino hacia la calidad de vida, negada a gran parte de la población. Bienvenido el diálogo, sus facilitadores, sus participantes, para dar respuesta a la demanda urgente de los hondureños.