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Comenzar con pie derecho

San Pedro Sula, Honduras

Cuando apenas han transcurrido pocas horas de este dos mil dieciocho, para que los meses no transcurran sin que nos demos cuenta y, peor aún, sin que les hayamos sacado el jugo, cada hondureño, cada hondureña, debería dedicar un poco de tiempo, tomar papel y lápiz, y poner por escrito los propósitos que probablemente ya se haya hecho para este nuevo año.

Habría, en primer lugar, que clasificarlos según su trascendencia: si se han trazado metas puramente personales o son de las que afectan a las personas con las que se convive, o si son de tal envergadura que tienen horizontes de país.

Si son de las primeras: perder peso, alimentarse mejor, hacer ejercicio, leer una cantidad determinada de libros, aprender otro idioma, etc., convendría elaborar un plan de acción para cada uno de los aspectos enumerados, de modo que pueda evaluarse periódicamente si se avanza o si se retrocede. Un cronograma, incluso, es necesario para trazarse objetivos bien aterrizados y para que no vayan a volverse etéreos y se difuminen en cuestión de semanas o de días.

Si los propósitos tienen que ver con la gente que nos rodea: tratar mejor a los demás, visitar con mayor asiduidad a padres o abuelos, poner mejor cara en el trabajo, participar en alguna iniciativa de solidaridad, etc., hace necesario que se eche mano de ayuda externa. Por ejemplo, si nos hemos puesto como objetivo mejorar la relación conyugal, el o la cónyuge podría ayudarnos a medir avances o retrocesos. Nadie mejor que el esposo, un hijo o los propios padres, pueden ayudarnos a examinar si hemos mejorado, si nos mantenemos estacionados o si más bien hemos empeorado. La gente que nos quiere, pero que tiene una visión más realista de nuestra conducta, seguro sabrá indicarnos si estamos verdaderamente luchando por ser más convivibles y menos odiosos.

Finalmente, habría que definir cuáles son aquellos propósitos que tienen horizontes de país; aquellos que superan los ámbitos personales y familiares y que buscan incidir en el futuro de la colectividad. Cada hondureño, cada hondureña, tiene la obligación de buscar el desarrollo para este país, y, en las circunstancias actuales, ver de qué manera aporta a la construcción de una sociedad más justa y más pacífica.

Todos tenemos la responsabilidad de participar en la búsqueda de soluciones a la problemática que enfrentamos, cada quien, desde su propio ámbito de competencia, debe aportar su grano de arena para lograr que Honduras salga fortalecida de esta crisis. Así, urge que los políticos se propongan apostar por el diálogo y abandonar la confrontación, las autoridades velar por el bien común y la seguridad de la ciudadanía, los padres de familia y educadores formar en valores, los empresarios confiar en que se logrará un mejor clima de inversión. Así comenzaremos este año con pie derecho. Así lo espera la Patria.