Más noticias

Diálogo franco y patrio

A raíz de las dificultades surgidas luego del recién pasado proceso electoral, y que todos hemos sufrido en carne propia, el presidente Hernández ha convocado a diálogo a los diferentes sectores de la hondureñidad para que, de manera cívica, se aborde no solo la coyuntura actual sino se reflexione sobre los grandes retos que el país debe enfrentar para evitar mayores problemas en el futuro para asegurar la gobernabilidad y para buscar necesarios y urgentes consensos que faciliten la paz social y, con ella, el crecimiento que lleva al desarrollo.

Hasta ahora se han sentado a la mesa algunos sectores como los cooperativistas, grupos campesinos, algunos representantes del mundo empresarial y de la educación superior. Falta todavía ver si la oposición política está dispuesta a hacer un esfuerzo por hacer a un lado las diferencias con el Gobierno actual para sostener un diálogo franco y patriótico que nos permita superar esta nueva crisis.

Aún están frescos en la memoria los distintos momentos del diálogo que se dio luego de los acontecimientos de junio de 2009. Primero en Tegucigalpa y luego fuera de Honduras pudo llegarse a unos acuerdos, que si bien no lograron satisfacer plenamente a todas las partes sí permitieron un clima que dio como fruto el retorno del expresidente Zelaya a Honduras y la creación del partido Libertad y Refundación. Así, tanto se evitó que hubiera compatriotas en el exilio como que un considerable porcentaje del pueblo hondureño tuviera representación en el Congreso de la República, en los gobiernos municipales y participación en la existencia democrática de la nación.

El momento histórico que hoy enfrentamos, tal vez no tan complejo como el de 2009, pero suficientemente grave como para haber puesto en riesgo el normal desenvolvimiento de la vida nacional, exige de nuevo mucha responsabilidad y una grandeza de espíritu que esperamos no falte a los protagonistas de este nuevo capítulo de nuestra historia.

Hace falta magnanimidad para hacer a un lado los intereses de una persona o de un partido, no importa lo numeroso que sea, para anteponer a ellos los altísimos intereses de la Patria.

Gracia a Dios, en Honduras no hemos padecido las guerras fratricidas que ensangrentaron durante más de una década a nuestras naciones hermanas con las que compartimos fronteras y en las que murieron miles de hombres y mujeres, en su mayoría inocentes. Habría que reflexionar sobre esas realidades tan cercanas para concluir que ninguna de estas guerras valió la pena y que, más bien, los ciudadanos de esos países procuran olvidar ese pasado y tratan de trabajar juntos para salir adelante. Ojalá los hondureños seamos también capaces de demostrar el mismo amor por nuestra tierra.