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Más que un paréntesis de paz

Los hondureños y, en particular, los sampedranos, hemos vivido unas semanas complicadas. No solo han sido las dificultades reales para una normal movilización o para la adquisición de combustible o alimentos, sino, y sobre todo, un clima de zozobra, de incertidumbre, causado, en principio, por la crisis política y luego por la delincuencia que, aprovechando la coyuntura, se adueñó de calles y carreteras y mantuvo en jaque a la gente honrada.

Afortunadamente, con la llegada de la Navidad y de las fiestas de Año Nuevo, todo ha vuelto a la normalidad, la tensión se ha reducido y hemos retornado a nuestros quehaceres cotidianos. Las celebraciones más entrañables de todas nuestras familias se han desarrollado de acuerdo con nuestras tradiciones y hay de nuevo sonrisas y buenos deseos.

No obstante, hay en el fondo algún temor de que, una vez comenzado el 2018, se den nuevos llamamientos y, de nuevo, surjan obstáculos para que los obreros, los profesionales, los estudiantes, las amas de casa, toda la ciudadanía en general, haga uso de su derecho de locomoción y continúe desarrollando sus respectivas actividades productivas para el bien del país.

La mayoría de los hondureños deseamos más que un paréntesis de paz. Queremos que los gobernantes y los políticos de nuestros país se sienten a dialogar y deseamos firmemente que, producto de un diálogo serio, comprometido y de altura patriótica, se defina la ruta para que se llegue a superar de manera definitiva la problemática que ha afectado no solo a los interesados directos e involucrados en la situación que todos hemos padecido y de la que no tenemos culpa inmediata. La responsabilidad mayor recae sobre aquellos tomadores de decisiones que no siempre las han tomado buenas, porque los demás no son sino víctimas de ellas y terminan por convertirse en rehenes de posturas ajenas a los intereses de la gente común y corriente que solo quiere trabajar o estudiar para salir adelante.

Los hondureños esperamos que la pesadilla haya terminado. Que la Navidad haya servido para que, una vez serenados los ánimos, se anteponga el interés de la mayoría al de personas o grupos. Honduras merece mejor suerte. Nuestro futuro no puede estar marcado por la confrontación o la violencia fratricida. Si ha habido malos hijos de esta tierra que le han deseado males y han puesto los medios para causárselos, estos deben reflexionar y caer en cuenta que sus pensamientos y actos son muestras de ingratitud para con Honduras y para con sus hijos.