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La Natividad

Este día está marcado en el mundo entero con la fecha histórica de la Natividad. Es también la fecha de la reencarnación cristiana, que nos invita a hacer memoria personal del prólogo del evangelio de Juan recordándonos que, al manifestarse la bondad de Jesucristo nuestro Salvador, este vino al mundo para salvarnos con su sufrimiento y misericordia.

Para muchos la Natividad es una fiesta de buenos sentimientos, arboles luminosos, comidas y bebidas de todo tipo. A veces un espacio frenético de tiempo vacacional, de francachelas o despilfarro olvidándonos del propósito de esta fiesta cristiana, que para los buenos hondureños debe ser de reflexión, recogimiento y honra hacia Dios.

Y así ha sido interpretado cuando hemos visto abarrotadas las principales iglesias del país en donde se han congregado gran parte de la feligresía hondureña, echando en saco roto las propuestas de algunos políticos, para alabar en cambio al Dios del universo, y pedirle prosperidad y paz para la nación sin ningún estigma político o resentimientos que nos pudo haber dejado la pasada contienda electoral.

El hecho de ver a Dios en ese niño que nació a la medianoche de hoy es un misterio a veces difícil de percibir en medio de toda la amalgama de paganismo y comercialidad que se ha inventado para crear algunos ambientes festivos. O de enfrentamientos, como los recientemente vividos por nuestra sociedad que únicamente han servido para dividir a las familias hondureñas que debe por contra, reconciliarse, para que Honduras pueda transitar hacia mejores derroteros, con una sociedad más solidaria y justa.

La Navidad que hoy celebramos, es una fiesta cristiana que se ha popularizado en el mundo, y en nuestro país que no puede ser la excepción, hasta los no creyentes la celebran, con el gasto y la expectación que ello implica para los presupuestos de las familias. Debemos hacer acopio de los mensajes de paz y esperanza que nos deja el Evangelio, para que seamos mejores ciudadanos, para que olvidemos nuestras diferencias políticas y trabajemos por el bien de Honduras, que tanto lo necesita.

En los momentos en que se anuncia un diálogo político, esta fecha es propicia para poder lograrlo y para obtener el mejor balance para nuestro país. Un diálogo amplio que debe reforzar nuestra democracia, que establezca las mejores condiciones que conduzcan a una preciada estabilidad social, sin ataques políticos de ninguna clase, sin confrontaciones ni amenazas y sin polarizaciones. Este dialogo debe servir como un vehículo hacia el entendimiento entre los hondureños, concertando acuerdos que persigan el bien común. Sentándose las bases para nuestra reconciliación y para rectificar los errores del pasado, y para que prevalezca la paz y la prosperidad entre los hondureños de buena voluntad.