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¿Utopía?

En esta columna editorial de ayer analizamos el choque de gigantes, Casa Blanca y Departamento de Estado contra el Departamento de Seguridad, que resistió las fuertes presiones en la decisión sobre el Estatus de Protección Temporal, programa migratorio sobre el que tenía que pronunciarse para prolongarlo o anunciar su fin para los hondureños y nicaragüenses. A estos últimos se les dio unos meses para arreglar sus asuntos y salir al quedar indocumentados. Para nuestros compatriotas, las autoridades norteamericanas dieron una prórroga de seis meses, tras la cual habrá una decisión que, según el Washington Post, ya será responsabilidad de otras personas en Seguridad, y eso es más que suficiente para poner toda la atención.

Pero no solamente en el entorno de la Presidencia se considera el asunto migratorio, particularmente los dos grupos, muy numerosos, a los cuales se les dará una respuesta en los próximos meses. Los jóvenes que llegaron niños se integraron en escuelas, colegios y universidades y hoy son los “soñadores” en las puertas del éxito en el mundo laboral. Muy numerosos son también los beneficiados con el TPS y que ven cómo la política migratoria de la administración Trump, estrategia global, sumerge a miles de familias en la zozobra. También en el Capitolio, en dirección opuesta, se trabaja para proporcionar una respuesta positiva.

Tres congresistas preparan una iniciativa para que los “tepesianos” puedan solicitar la residencia permanente. En una publicación del Nuevo Herald, el proyecto es identificado como Ley Aspire, que abre expectativas, aunque hay que partir de menos de cero, puesto que el TPS choca con el grito masivo silencioso. “Esta es realmente la realidad política”, expresa uno de los promotores de la regulación permanente de inmigrantes que, por décadas, han vivido en la Unión Americana. A la temporalidad y los desastres de fenómenos naturales como argumento de la administración, los tres miembros de la Cámara de Representantes retoman el fundamento del programa migratorio, riesgo de la vida por un desastre natural, huracán, terremoto; sin embargo, el peligro persiste, ahora por problemas más graves, inseguridad, violencia, desempleo, que habrán de enfrentarse con clara visión, compromiso y acciones a la raíz de los males. Un término medio en la reforma, para ablandar a los duros, es la declaración individual de elegible por seis años, renovables, en lugar de los dieciocho meses, como señalaba el TPS. ¿Utopía? Quizá, pero menos da una piedra.