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San Pedro Sula, Honduras

Más dolorosa la caída o más fuerte el golpe en cuanto más arriba se esté o se crea estar, pues tras imagen, con artificiosidad generada, se ocultan actividades al margen o contra la ley al amparo de posiciones en el círculo de poder que es considerado infranqueable.

Los tentáculos de la corrupción de una empresa brasileña han ascendido montañas, han atravesado selvas, han perforado núcleos urbanos y ha entrado, con bienvenida y todo, en residencias presidenciales. En el caso de la mayor economía latinoamericana habrá que sumar la trama en la petrolera nacional, sobre la que ha caído con deseos el implacable juez anticorrupción.

Aquel primer plano en el escenario, el proscenio, con la Copa Mundial del deporte que apasiona los brasileños en el 2014, y con el desarrollo de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro en 2016, desapareció en la pugna entretelones al ir conociéndose el lado oscuro de esos acontecimientos deportivos en los que la juventud presenta el optimismo de la sociedad en competencias deportivas y los aficionados viven al límite la actuación de los participantes en cada competencia.

Sic transit gloria mundi, es el adagio clásico en latín, que recuerda con gran acierto que “así pasa la gloria del mundo”. De aquellos días, la sociedad brasileña va saliendo de las llamas para caer en las brasas, pues la grave crisis va escribiendo polémicos capítulos que aumentan la zozobra institucional y política con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, los señalamientos fundados a su sucesor Michel Temer y la condena al exmandatario, líder de la izquierda, ícono del Partido de los Trabajadores, Lula da Silva. A ello habrá que sumar el descrédito de la clase política sobre la que recae la sospecha de complicidad por acción u omisión como señala la jerga jurídica, corrupción “pasiva”, tradicionalmente representada en los monitos que no ven, ni oyen ni hablan.

La sentencia contra el expresidente, en primera instancia y sobre la que se presentarán recursos “en todas las cortes imparciales, incluyendo las Naciones Unidas”, no es obstáculo en la carrera emprendida hacia la presidencia con la promesa del rescate nacional y el fortalecimiento del Partido de los Trabajadores, aunque, de momento, el posible retorno queda condicionado y en duda su viabilidad.

El imperio de justicia es excelente noticia, pero la condena de Lula y la grave crisis brasileña debieran preocupar a todos los países iberoamericanos, pues el populismo que ha puesto en jaque a países europeos, está listo para ocupar espacio pese a la rotundidad y evidencia de los fracasos en los países vecinos, en la medida en que se debilite la institucionalidad y no se ataque al núcleo del cáncer de la corrupción.