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Prevención y colaboración

Erradicar la violencia, recobrar la seguridad, recuperar la confianza y recrear las condiciones favorables para la credibilidad puede ser presentado como meta, a través de objetivos concretos, que suena más a utopía que acercamiento y solución de problemas reales de la población. No es para menos, pues la descomposición social hunde profundamente sus raíces y desarraigar es tarea de titanes y exige constancia, sacrificios, colaboración y estrategias claras, definidas y revisables.

Este primer párrafo del editorial que pareciera obtenido de un manual, no es más que la reflexión sobre la nota periodística del miércoles en la sección San Pedro de LA PRENSA, en la que se informa del clima social rescatado en el sector de Chamelecón, calificado, como otros en la urbe, de “zona caliente”. Y no es para menos, puesto que en sus 66 colonias, ubicadas al sur de la ciudad, los frecuentes hechos violentos llegaron hasta provocar el éxodo de familias que abandonaron sus viviendas para salvar sus vidas y alejar a los niños y jóvenes del peligro real de las maras.

Dos elementos resaltan en la información para explicar cómo Chamelecón va saliendo de la violencia y recobrando la tranquilidad, prevención de la autoridad y cooperación ciudadana. No hay nada de varita mágica, ni milagros ni cualquier otro elemento extraordinario, sino la previsión policial con desarrollo de operativos y presencia disuasiva constante, de manera que las calles dejen de ser territorio de delincuentes y recuperen su naturaleza original, vías seguras para el desplazamiento de las personas en la comunidad. La presencia policial es elemento eficaz de disuasión, que es mucho más eficaz con la colaboración ciudadana para identificar lugares peligrosos e individuos indeseables en el sector.

Utilizando la metáfora o el modismo, la situación de Chamelecón puede calificarse de “templada” en vías de “enfriamiento”, pues la violencia ha disminuido significativamente, la labor diaria en los centros educativos ha vuelto a la normalidad y la convivencia queda reflejada hasta en el templo parroquial con aumento de feligreses, mayor presencia de la población en los lugares de recreación e incremento de actividad juvenil en los centros patrocinados por Usaid.

Chamelecón, aquella aldea de hace décadas en la salida sur de la ciudad a orillas del río que da el nombre, es ya una urbe con más de 150 mil habitantes, con barrios y colonias donde los graves problemas sociales cobran especiales niveles por la escasa atención que se dio durante años a lo que entonces era considerado una de las periferias de la Capital Industrial y a un relegado crecimiento urbano carente de servicios básicos con asentamiento de una población que se desplaza a trabajar al sector industrial y comercial de San Pedro Sula. Chamelecón se halla en tránsito de violencia a la tranquilidad.