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Un mal ejemplo

Algunos de los motivos por los cuales el presidente electo de México -don Andrés Manuel López Obrador, candidato de la oposición- obtuvo una victoria aplastante, fueron su peculiar e inusitado mensaje a las masas, particularmente su promesa para combatir la corrupción oficial, la que, según el candidato ganador, constituye junto a la impunidad uno de los principales problemas del país. Como también su promesa para implementar un programa de austeridad pública, en el cual destaca la reducción de su sueldo y de los miembros de su gabinete, todo dentro de una anunciada “transformación radical”, que incluye una reconciliación nacional.

Enrique Peña Nieto, el todavía presidente mexicano, tal como lo estilan las grandes potencias y emulando a Donald Trump, se compró un avión presidencial que le costó al pueblo mexicano nada más y nada menos que 219 millones de dólares, mientras el 43.6%, según cifras de Forbes, se debate en la pobreza. Aeronave que según lo ha expresado reiteradamente por López Obrador será vendida y además toda la flotilla de aviones y helicópteros utilizados por el Ejecutivo de su país.

En el caso de los Estados Unidos, el país más poderoso del planeta, los sueldos de los burócratas que rodean al presidente Trump ganan relativamente menos que los altos funcionarios latinoamericanos. Según datos oficiales, el 40% de los funcionarios que trabajan en la Casa Blanca ganan alrededor de los 100 mil dólares al año, unos 8,333 dólares al mes, mientras en Honduras, uno de los países más pobres de Latinoamérica, muchos de los altos burócratas ganan más que eso, empezando por el presidente del Banco Central, que se embolsa nominalmente 213,000 lempiras mensuales, valor que se le incrementa anualmente “por ajuste inflacionario” y al sumarle los bonos, extras y vacaciones, más el decimotercero y el decimocuarto, su salario asciende a 462,048 lempiras mensuales, un abuso sin precedentes en el que la Ley de Racionalidad del Gasto Público no ha sido limitante porque no se cumple. Mientras tanto, 835 mil familias pobres hondureñas, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), subsisten con un dólar diario.

La partida presupuestaria hondureña es altamente excesiva, se pagan 38 mil millones de lempiras para cubrir los sueldos de nuestro aparato gubernamental, en la cual se incluye la partida confidencial, que a manera de prebenda se le otorga al Presidente de la república, sin que tenga que darle cuentas a nadie.

Volviendo a López Obrador, sus promesas para combatir la corrupción y la impunidad, así como para implementar un riguroso plan de austeridad, vendrá a ser un “mal ejemplo” para los Presidentes de América Latina, incluidos los presidentitos de América Central, en donde los derroches, el despilfarro y el atraco al erario han sido una constante, excepto algunos casos paradigmáticos, como el del expresidente José Mujica, de Uruguay, que constituye un ave rara en toda nuestra galaxia sideral.