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¿Sueño americano o español?

En un reciente reportaje de LA PRENSA se da a conocer que Honduras fue el quinto país del mundo con más inmigrantes llegados a España en el año 2017. Contabilizándose un total de 66 mil, lo cual contrasta con los 2,235 que llegaron en el año 2000. Esto constituye de acuerdo con este diario, la alternativa frente a las duras políticas contra la inmigración impuestas por el presidente Donald Trump, que en muchos casos, por abusivas, han sido frenadas por los jueces federales.

Todos los presidentes de los Estados Unidos mencionan en sus discursos el famoso American dream como una referencia mítica o como tema electoral. El sueño americano existe, y tiene su origen con la llegada de los peregrinos que desembarcaron del Mayflower y de todos aquellos que han llegado posteriormente a un país que les ha revelado sus increíbles riquezas, donde la prosperidad se palpa como una suerte de paraíso, donde la mentira no solamente es un pecado capital, sino que también es un delito, sino veamos a Nixon y a Clinton que sufrieron las consecuencias políticas por mentir, el primero por autorizar las escuchas contra los demócratas en un incidente conocido como el escándalo de Watergate que lo impulsó a renunciar, y el otro por sus desvergonzados amoríos extraconyugales en la misma Casa Blanca, que casi le valen un juicio político.

Este sueño poco a poco se ha transformado para muchos en una ambición particular: construir su hogar, trabajar y vivir con alta calidad en el mejor país del mundo. El más rico, el más desarrollado, el más poderoso, donde cada quien tendría derecho a ser feliz, al desarrollo y a la alta tecnología; derecho a la creación y a emprender un negocio o aventura con las garantías de la ley.

El hecho de oír hablar de un sueño significa un proyecto futuro, una visión del porvenir, una perspectiva individual que para alcanzarla se requiere una lucha diaria mezclando dos tipos de valores.

Por una parte, la eficiencia constante en el trabajo, el ahorro, y la creatividad. Por la otra, los valores morales, tal como la ética en los negocios, en las profesiones, la unidad familiar, la honestidad, la lealtad y la fe en Dios.

Todo tiene valor: las mercaderías, los individuos, las creaciones artísticas; un atleta, y hasta los mitos o artistas creados por Hollywood lo tienen en la medida en que sus películas devienen exitosas. De este modo, el dólar se ha transformado de moneda a un dios verde, que pone a todos los que quieren tenerlo en una feroz competencia. Sin duda alguna, el que se aparta de estos conceptos podrá construir su propio sueño, no el americano o el español, sino un sueño ambiguo, que siempre un sueño será.