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“No es no” para siempre

El neocardenal Ladaria, prefecto de Doctrina de la Fe, utiliza el verbo “reafirmar”, con lo cual quiere decir que, aunque no sea muy conocida esta forma de ejercer la infalibilidad, no es nueva y constituye un elemento esencial de la enseñanza dogmática de la Iglesia. No hace falta, por lo tanto para que una doctrina o un precepto moral sean considerados infalibles y, como consecuencia, intocables, que haya habido un pronunciamiento solemne por parte del Papa, como lo hubo para los dogmas sobre la naturaleza de Cristo o de la Virgen. Es suficiente con que esa enseñanza, vuelvo a citar a monseñor Ladaria, forme parte de “la enseñanza ordinaria y universal de los obispos diseminados por todo el mundo, cuando proponen, en comunión entre sí y con el Papa, la doctrina católica que debe mantenerse definitivamente”. No se trata, simplemente, de unanimidad, puesto que, en la cuestión del sacerdocio femenino, como hemos visto en algunas declaraciones episcopales e incluso cardenalicias, no la hay. Se trata de que esa enseñanza forme parte y así haya sido siempre de “la enseñanza ordinaria y universal de los obispos diseminados por todo el mundo”.

Esto se puede aplicar, por ejemplo, a la imposibilidad de aprobar el divorcio y, como consecuencia, a dejar de considerar adulterio las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Se puede aplicar al rechazo aborto y a la eutanasia, se puede aplicar a la no equiparación con la familia de las uniones que no sean entre hombre y mujer. En definitiva, hay que afirmar que goza de la categoría de infalible todo aquello que durante dos mil años ha enseñado la Iglesia. De alguna manera, con estas declaraciones, monseñor Ladaria se ha presentado en sociedad, y no olvidemos que quien puso a Ladaria en el cargo que ocupa es el Papa actual y que el neocardenal no hubiera hecho estas declaraciones sin la aprobación del Pontífice. Como dije la semana pasada, Francisco está alejándose cada vez más de sus autoproclamados amigos. Deo gratias.