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El papa apagafuegos

Los teóricamente amigos del papa siguen dando de qué hablar y le siguen dando problemas al santo padre. Problemas que luego él tiene que afrontar y que le generan no pocos enemigos porque es en su cuenta donde se cargan las facturas de los platos rotos por los demás. Esta semana, por ejemplo, el cardenal de Bruselas se ha descolgado con unas declaraciones a favor de la bendición, mediante una oración de acción de gracias nada menos, de las uniones homosexuales. Como no podía ser de otro modo, muchos han protestado y no pocos han cargado contra el papa como si este estuviera de acuerdo con ello.

Además, ha estado lo del desfile de moda en el Metropolitan de Nueva York, utilizando paramentos sagrados. No sé quién habrá sido el insensato que lo ha autorizado, pero es escandaloso que se hayan empleado incluso reliquias -las casullas utilizadas por San Juan Pablo II- y grandes obras de arte -la tiara regalada por la reina Isabel II de España al Papa- para un uso que no tiene nada que ver con el auténtico y original. Una vez más, el papa -que estoy seguro que no ha tenido nada que ver- ha sido el que ha cargado con las culpas.

Ante todo esto, cada vez se alzan más voces de protesta. Por ejemplo, esta semana ha hablado con mucha claridad el cardenal holandés Eijk, lamentando que el santo padre no zanjase con claridad lo de la intercomunión con los protestantes, en lugar de remitir el problema a Alemania para que se encontrase una solución que contentara a todos.

Voces que no son solo internas, puesto que cada vez son más los medios de comunicación que se refieren a la Iglesia como una comunidad en abierta guerra civil y en la que el cisma es cuestión de tiempo que se produzca. El papa sabe todo lo anterior y esta semana parece como si se hubiera dedicado a ejercer de bombero de los incendios que prenden sus amigos.