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La casa de papel

En estas últimas semanas he disfrutado viendo una serie de ficción llamada ‘La casa de papel’. El argumento central se desarrolla en contar la historia de una banda de atracadores, quienes toman por asalto la casa de la moneda con el propósito de producir millones de euros en sus máquinas para luego huir con el botín.

El aspecto que mantiene en vilo permanente al televidente es que esta banda de maleantes son dirigidos desde el exterior por un personaje denominado ‘el profesor’ quien magistralmente va dirigiendo todos los hilos de la operación como el auténtico poder detrás del trono. Este ‘profesor’ siempre va un paso adelante de las investigaciones policiales de tal manera que aún los detalles que aparentemente son insignificantes están previamente planificados y fríamente calculados.

En cierta medida nosotros también vivimos cautivos en una casa de papel donde los hilos de la corrupción y la impunidad urden malévolos planes para saquear de manera constante el erario que no le pertenece a nadie mas sino al pueblo. Esta banda ha violentado la constitución de la República, asalta las instituciones públicas, desfalca el sistema de seguridad social, elimina de tajo la separación de poderes, se corrompe y se vuelve cada vez más tirana por la vía de las armas.

Esta banda tiene décadas de haberse infiltrado en el sistema socavando sus mismos fundamentos, son capaces de cualquier cosa con tal de conseguir sus propósitos, tal como si fuesen un mafioso equipo de fútbol pueden ordenar penales de último minuto para imponer su puño de acero y así seguir imponiéndose a toda costa.

Hay que limpiar la casa, hay que construir un nuevo edificio que no permita grietas donde la corrupción y la impunidad galopen a sus anchas, que los ‘profesores y maestros’ del mal no huyan con el botín, que no encuentren cabida en esta casa llamada Honduras.