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La necesidad de la amistad

La sospecha mata la amistad; la confianza hace milagros. El hombre florece cuando se le valora, pues no desea defraudar a quienes confían en él. La confianza mutua es un presupuesto imprescindible en procesar la amistad. Sin confianza es como soñar con una planta sin haber arrojado la semilla.

A veces, los amigos sirven como basureros, botamos todos los desperdicios de nuestra alma y de nuestra mente. Deseamos que los amigos nos oigan, nos pongan toda la atención y nos alaben, los manipulamos y los instrumentalizamos. También los usamos como peldaño social o político. Al amigo hay que amarlo y aceptarlo con sus debilidades y cualidades. No deben ser de nuestra propiedad, solo para nuestro gusto, esclavizándolos.

La amistad tiene que expresarse con todo el ser: con miradas, la mano apoyada sobre el hombro, amplia sonrisa, cálido apretón de manos, un abrazo, ya que un gesto vale más que mil palabras. En los esposos especialmente es necesaria la expresión física por medio de besos, abrazos y ternura. La amistad entre sexos opuestos es enriquecedora y equilibrada. No debe seguirse creyendo que entre el hombre y la mujer solo puede existir una relación erótica, puede haber una verdadera amistad.

Quiero compartir con ustedes el Salmo moderno de la amistad: Gracias a ti, Dios alfarero, porque hiciste la amistad y la cociste con el calor de tus manos. Gracias porque pusiste a mi lado la presencia afable del amigo. Están junto a mi haciendo de ribera a mis risas y a mis amarguras. Ellos aprietan entre sus manos mis cinco dedos, vacíos de abundancia y llenos de necesidad.

Con mis amigos vienes tú, convertido en vagabundo, en soñador, en hombre dolorido. Gracias, Dios del beso y de la carta; del abrazo y de la presencia, del secreto y de la confianza. Gracias, Señor, porque creaste el aliento de nuestros amigos que da vida a nuestro barro de hombres sobre la tierra. Tratemos de llegar con la amistad humana a la presencia de Dios y elevar el amor a nivel divino.