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¡Acción es movimiento!

Hay aspectos fundamentales en la vida de Jesucristo, uno de ellos es que estaba en constante movimiento, esto implicaba estar en contacto con relaciones y salir de la zona de confort. “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quien irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”, Isaías 6:8. Muchas veces tenemos que hacer recorridos en la vida para establecer metas y cumplir un destino. Abraham, el patriarca de los israelitas, tuvo que hacer cambios geográficos antes de dar luz a su éxito; José halló increíble éxito en otro país, Egipto, y Ruth voluntariamente dejó su familia pagana en Moab y se fue a Betel con Nohemí. Allí conoció a Booz, un gigante financiero de la comunidad y se casó con él. Algunas personas no vendrán nunca donde usted está, pero debe ir a sus hogares, ciudades y ambientes. “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”, Mateo 9:35. Siempre el movimiento de fe establece que la mente y la lengua humana contiene una habilidad o poder sobrenatural, al confesar esto activa la energía divina, es decir, el poder de Dios para sanar, liberar, restaurar. La poderosa energía del mundo espiritual que engendra las circunstancias a nuestro alrededor está controlada por las palabras que pronunciamos, y esta viene de nuestro ser interior, o sea, nuestro espíritu; este movimiento surgió cuando existió la propiciación de nuestros pecados. Jesús no solo es el salvador del pecado, él es el redentor de nuestra fe, Dios siendo un ser espiritual, la fe, una fuerza, no poder espiritual, capaz de influir en el futuro de cualquiera que crea y obedezca en su destino.