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Como el buen vino

Por sus propiedades medicinales y porque es el mejor acompañante de casi todas las comidas soy fanático del vino tinto. Y aunque estoy lejos de ser un experto tengo casas y variedades predilectas. De hecho, mis amigos saben perfectamente que si quieren quedar bien conmigo para mi cumpleaños o para Navidades no tienen mucho que pensar, ya que con una botella de vino me doy por más que regalado y satisfecho.

Estoy, además, totalmente de acuerdo en que entre el amor conyugal y el vino hay un paralelismo total. Cuando es joven o cuando el matrimonio comienza suele ser afrutado, algo dulce, pero le falta cuerpo, madurez, hondura. Con los años, la vida en pareja y el vino adquieren carácter, desarrollan un sabor inigualable y satisfacen todas las expectativas.

Yo crecí en un hogar en el que mis padres llegaron a cumplir más de cuarenta años de matrimonio. Tuvieron siete hijos, de los cuales fui el menor, y aunque seguramente no todo habrá sido miel sobre hojuelas pude ser testigo de un amor curtido por los años: nunca los vi discutir en serio, jamás los vi tratarse con rudeza y, en el lecho de muerte de mi padre, me dieron la última lección de amor maduro que aún me emociono al recordar. Mientras él, mi padre, expiraba, mi madre le acariciaba la mano y le decía entre sollozos: amor de mi vida. Recuerdo que cuando se lo conté a mi esposa le dije que yo esperaba morir de la misma forma; ella, en broma y en serio, me respondió: que todo dependería de que la tratara como mi papá había tratado a mi mamá. El próximo junio, Jackie y yo cumpliremos treinta y cuatro años de casados y he procurado hacer méritos para merecer semejante despedida final.

En días como hoy, Día del Amor y la Amistad, el corazón suele ponerse mullido y tierno. Las calles se inundan de globos, flores y peluches y los restaurantes lucen repletos de parejas de todas las edades. Hay en el ser humano una necesidad natural de amar y ser amado que en estos días parece exacerbada.

No obstante, hay que entender que el amor verdadero es aquel que ha superado la prueba del tiempo, el que ha salvado mil obstáculos, el que ha logrado llegar invicto a una meta cuya conquista es ardua. él exige grandeza de alma y mucha, muchísima paciencia; el amor, para que adquiera personalidad y cuerpo, necesita el paso de los años, como el buen vino, evidentemente.