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En abandono

Ajenos al vaivén político, a la situación económica, entregados a su propio destino. Son los niños abandonados, “una práctica cada vez más común en Honduras”, nos cuentan tristemente las noticias.

La cifra crece anualmente, seguramente porque las diferentes causas que motivan esa decisión tan terrible de dejar a su suerte a criaturas indefensas, también siguen creciendo.
Detrás de cada niño en abandono, hay un hombre y una mujer cuya situación no fue atendida a tiempo, pero nunca para poner fin a una nueva vida, pues la solución no radica allí, sino en atender la situación en la que vive gran parte de la población, no solo carente de lo material, sino de una verdadera formación para la vida, que va más allá de lo académico.

El respeto, la responsabilidad, la autonomía, entendida como la conciencia sobre las propias acciones y sus consecuencias, están ausentes del día a día de miles y miles de hondureños.
Es urgente contar con programas públicos serios encaminados a aspectos de formación humana, de atención integral de la población socialmente vulnerable, de lo contrario la niñez en Honduras continuará siendo abandonada, algunos en hospitales públicos, otros incluso, en poder de sus propias familias, que en muchos casos no comprenden el valor de un niño o una niña.

Los niños abandonados, esas caritas inocentes que vimos hace pocos días en la portada de este diario, son resultado de la poca atención de las mujeres vulnerables, pero también de hombres criados bajo un esquema machista, permisivo, tolerante ante la inconciencia, aderezado por el bombardeo de imágenes “idílicas” populares, transmitidas por los medios de comunicación, del hombre mujeriego y poco sensible; sin inteligencia emocional, pero rebosante en testosterona.

Mientras tanto, las mujeres también reciben su dosis del prototipo ideal: hay que verse sexi, complaciente, pelear con otras por el hombre apetecido. Somos una sociedad que parece valorar que las mujeres “iluminen o enciendan” a otros, no con sus ideas, tampoco con sus logros, sino con su cuerpo, todo ello bajo el ritmo pegajoso del tipo de canción que nos repite hasta el cansancio que seamos “felices los cuatro”.

Es un panorama difícil para quienes luchan desde las organizaciones no gubernamentales, oenegés, que hacen frente a la situación, que trabajan tanto en prevención como en atención de problemas. Hay trabajo para siglos, los recursos son escasos y la maquinaria de producción de niños tiene operarios cada vez a más temprana edad.

¿Cuáles son las propuestas públicas para atender semejante situación?, ¿cómo trabajar de forma organizada con las diversas iniciativas que surgen desde el ámbito privado y la cooperación internacional?

Es vital enfocarse en un cambio cultural, cuyos resultados habría que esperarlos a mediano y largo plazos, tanto como en la problemática actual, que implica ofrecer mejores condiciones de desarrollo pleno a los niños y niñas de hoy.

Trabajar por superar la pobreza es un asunto no solamente de crear empleos, sino ante todo, de la atención a la problemática social por la que atraviesa nuestra población. La escasez de recursos para la vida merece ser tratada. Abordar temas como la autoestima, la inteligencia emocional, la formación en nueva masculinidad y la igualdad de género son indispensables.

No podemos esperar respuestas estatales, quizás nunca sean suficientes. ¿Qué hacer como ciudadanos? Además de cuidar nuestro propio entorno, debemos involucrarnos en el trabajo de las organizaciones de nuestra localidad. La responsabilidad social es de todos ¿la aceptamos?