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Una campaña en deuda

Es imposible dejar de hablar de política. Por mucho intento de no opinar sobre este asunto tan desgastante y árido es imposible. No podemos dejar de hablar sobre aspectos que pareciera pasan desapercibidos para aquellos que han adoptado la política como modus vivendi, así que aquí vamos nuevamente.

A pocos días de las elecciones generales, la sensación de vacío y mediocridad de las campañas políticas es impresionante. Nos quejamos de todo en este país, pero los llamados a intentar mejorar nuestra situación se han desvinculado de los pilares que necesitamos como sociedad para tener ejemplos a seguir. En este mundo tan violento de hoy los candidatos no pueden ofrecer violencia en sus discursos, ya que la violencia es violencia en cualquiera de sus formas.

Tanto si tiras piedras en manifestaciones como si no tratas con respeto a tus adversarios políticos, solo con el hecho de vocear a un candidato de oposición ya es violencia, máxime si intentas ser Presidente: debes mostrar educación y respeto. Cuando voceas a quien no es cercano a ti lo haces porque es tu nivel cultural o porque quieres rebajar de condición a quien te escucha.

Nuestros padres nos enseñaron que el respeto a los mayores o superiores era parte de una buena educación y base para una adecuada relación humana. En nuestro país, el discurso político es irrespetuoso, no se respeta a nadie, incluyendo a la figura del Presidente del país. Y para aquellos radicales, lean bien, por favor, no me refiero a la persona, me refiero a la figura que representa. Y sea que nos parezca o no, que seamos del bando opuesto a él, que no estemos de acuerdo con su accionar, es la primera figura del país y se merece todo el respeto de todos. ¿Cómo podemos exigir respeto o esperar que nuestros jóvenes entiendan el concepto si no respetamos a nadie? Entonces el mensaje que enviamos es el de irrespetar a quien sea, y lo peor es que no se hace de una manera ni elegante, ya que usan vocablos populares y palabras soeces; no puede ser posible. Supuestamente están pidiendo una oportunidad, un voto para representarnos. No se me ocurre pensar darle un voto a una persona que utiliza su lenguaje y su actitud de una forma irrespetuosa con todos.

En la mayor parte de los casos, nuestros padres nos enseñaron a ser humildes y comedidos. La arrogancia y la prepotencia que caracteriza a los candidatos actuales nos hacen preguntarnos dónde quedo eso, ya que si la arrogancia y la prepotencia fueran sinónimos de soluciones para este país pudiéramos considerarlos idóneos para el puesto. A nivel mundial tenemos ejemplos de lo que este tipo de personalidad causa. No son dados a aceptar consejos y sugerencias porque creen que tienen la representación exclusiva de la verdad y la inteligencia. Son impulsivos de habla y acciones, por lo cual no son fiables.

No puede ser que sigamos teniendo un Congreso Nacional tan grande, mucho diputado, pocos resultados. Eso quedó demostrado en el informe de la Fundación Democracia sin Fronteras y el Fosdeh recién publicado la semana pasada, y de remate muchos llegan allí creyendo que todavía están en las calles y dan unos ejemplos de vulgaridad que dan vergüenza.

La campaña política se ha caracterizado por insultos, denigrar, destruir y desvalorizar lo hecho por el presente Gobierno. Han quedado en deuda con los que pensamos iba a ser una campaña de propuestas, los que pensamos que podían realmente hacer oposición. Todavía ninguno ha explicado cómo van a hacer la magia que ofrecen.

Y como pueblo no hemos avanzado. Cuando nos conviene vociferamos, salimos a las calles, quemamos edificios, pintamos paredes con leyendas vulgares y, cuando no, nos quedamos callados. Bien dijo el Sr. Marvin Ponce en una ocasión, el pueblo se queja del precio de la canasta básica, pero todos en cualquier rincón del país tienen un aparato celular y dejan de comer por comprar las recargas para estar conectados; incongruencias. Cosas veredes, amigo Sancho.

Este 26 de noviembre hay que hacer uso de ese derecho que tenemos de escoger a nuestras autoridades. Nadie te puede quitar ese derecho, no votes por nadie más que por ti y tu familia, por las repercusiones que puedan derivarse en el futuro con tu elección de voto. No te dejes llevar por la conciencia tribal, usa la lógica, deja la pasión y escoge a la persona que creas es una solución, no una promesa.