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Cataluña, cuarta urna y Juan Ordaz

Los hechos políticos e incluso las justificaciones que se construyen para respaldarlos se parecen mucho. Al fin y al cabo se trata de seres humanos que en cuestiones de subjetividades tienen similitudes tanto en China, en Gran Bretaña, Estados Unidos u Honduras. El referéndum ilegal de Cataluña – en la medida en que viola el Estatut y quienes lo hacen son sus autoridades– se parece mucho a la “cuarta urna”, ocurrida aquí en el mes de junio de 2009 en su parte final; pero, además, hay otra coincidencia. El reportero español más pro “cuarta urna”, que casi siempre reflejaba las posiciones del Gobierno, se llamaba Juan Ordaz, corresponsal de El País para México y Centroamérica, y que ahora reporta sobre el referéndum catalán que, el domingo recién pasado, el gobierno de Rajoy utilizando la fuerza pública nacional – no la regional, los llamados Mozos de Escuadra (17,000 hombres) que no cumplieron las órdenes, al permitir el ejercicio del voto a la mayoría de la minoría catalana– impidió por razones iguales un acto políticamente irracional, pues bien, si usted cree que Ordaz reporta con la misma lógica que lo hizo sobre los acontecimientos de Honduras se equivoca. Cuando reportó desde Tegucigalpa – o de México en donde residía– lo hizo de una manera, con una lógica diferente. Aquí en Honduras no importaban las decisiones de las autoridades judiciales o el cumplimiento de la ley. Privilegiaba al presidente Zelaya, y cuando la Corte Suprema de Justicia decidió destituirlo desprestigió al sistema jurídico con la misma apasionada ignorancia de Arias Sánchez. Este último calificó la Constitución como un adefesio jurídico.

Nos referimos al tema para confirmar que en todos lados se cuecen habas, que la obediencia a la ley no es práctica de todas las autoridades, que algunas veces se sienten superiores a la ciudadanía, y por ello, autorizados para hacer su voluntad. En España opera un régimen desconcentrado que desconocemos; solo lo tuvimos durante la República Federal de Centroamérica. El presidente de la Generalitad y el presidente del Parlamento Regional han tomado una serie de resoluciones ilegales, incluida la del Referéndum, con el propósito de conseguir por la vía de la presión de los hechos una separación de España, que es imposible por razones constitucionales. Pues bien, Ordaz considera que las leyes de España son legítimas para impedir un acto ilegal. En cambio escribió que las de Honduras eran injustificadas e ilegales, por el simple hecho de que somos un país pequeño, con poco respeto de la comunidad política e intelectual del mundo, y porque se trata de su país, en el caso de la desconexión de Cataluña, de España.

Esta falta de coherencia, al juzgar los actos – en que una cosa es buena en un momento y en otra es mala, como también ocurre entre nosotros con partidos antirreeleccionistas, pero que avalan al participar en la reelección presidencial – es propia de los humanos. Lo que sí se resalta muy bien es que la diferencia de enfoques y formas de tratamiento tienen que ver con el tamaño de los países, el prestigio de sus líderes y la calidad de los pueblos que se trate. A nosotros, la comunidad internacional – con el apoyo de Manuel Zelaya, que sin embargo fue muy mal aconsejado por la misma al empujarlo a crear un nuevo partido, cuando debió regresar e incorporarse al Partido Liberal, claro sin hacerle daño a Honduras como lo hiciera– no nos guarda mucho respeto. Nos ven como si fuéramos estados africanos, con gobernantes autoritarios que operan en un régimen de leyes que, ni siquiera, formalmente, respetan. Por ello, el mejor ejemplo es el de Ordaz: actúa diferente ante acontecimientos casi iguales; en el caso de Honduras de una forma, y de otra cuando se trata de Cataluña y de los intereses de España, su país.

La lección es que la objetividad periodística no existe. Cada uno –según su propia formación moral– mantiene la coherencia, o no. Juan Ordaz cree que hemos olvidado la forma cómo nos trató. Jamás imaginó que le exigiríamos coherencia periodística y profesionalidad.