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Reelección sin reglamentación

Es increíble lo que los intereses de los políticos pueden lograr, sin necesidad de pleitos, sin necesidad de enfrentamientos, solo necesitan coincidir y nada más. Pocos pensaban que la reelección en Honduras sería un asunto tan manejable políticamente en algún momento, pero los políticos siguen dándonos sorpresas.

La reelección ha pasado a ser un asunto de lógica política y no de interés legal, la Constitución ha sido quebrantada con la anuencia de la oposición y la coincidencia de intereses políticos en la izquierda. Ahora todo se reduce a su reglamentación. Por supuesto que la lógica política nos dice mucho acerca de un momento político determinado y las decisiones que se pueden tomar, el carácter sacrosanto de la Constitución ha quedado diluido y se imponen los intereses partidarios de cada facción, donde nadie sabe dónde empiezan sus intereses y dónde termina la rotura de las disposiciones de la Carta Magna. Es un ambiente de cálculos y predicciones, de futuros evaluados partiendo de ese punto neurálgico en algún momento de la política hondureña, la reelección de un presidente.

Pero lo extraño es que la violación a la Constitución no haya producido lo que muchos pensábamos, lo raro es que los que la defendían a muerte, hoy asistan a su entierro, los que reclamaban el espíritu y letra de las disposiciones, hoy se llaman al silencio. Todo puede parecernos bueno. Bueno porque no tenemos mayor alteración del orden, bueno porque el ambiente se siente tranquilo mientras se irrespeta nuestra ley fundamental, todo parece sereno en términos legales, mientras la independencia de poderes no existe.

Y para los políticos, para quienes sus intereses hoy confluyen en esta debacle legal y constitucional, lo que importa son sus apuestas de futuro. Hoy se pueden callar ante el quebrantamiento del orden constitucional, hoy lo pueden avalar con su asistencia al proceso electoral, sin siquiera levantar una protesta para efectos de dejar constancia histórica. Sin embargo, el mensaje y el precedente que le dejan al pueblo es maligno. Una vez más para la población la política demuestra con pruebas irrefutables que no hay mejor definición de esta ciencia que la que dio Maquiavelo.

Para la población, el respeto a la ley no es más que cuestión de intereses y circunstancias, el valor de nuestra Carta Magna se mide por el capricho del que ostenta el poder, sin más. Que hoy se hable de reglamentación es pretender cubrir con un manto de legalidad un asunto que ha sido inconstitucional desde cualquier ángulo, es tratar de validar una sentencia torcida y deliberadamente arbitraria de una Sala Constitucional. Antes de hablar de reglamentación, los políticos deberían dirigir su mirada hacia la Constitución misma, que hoy ha quedado como un vestido con tantos remiendos y tantas manchas que ya nadie respeta, pero así son los políticos, les cuesta menos hacer un nuevo vestido; pero es más divertido destruirlo por pedazos.

No cerramos los ojos ante un fenómeno como la reelección, que se ha impuesto por cualquier vía en América Latina ante la ambición de los políticos, pero de lo que hablamos es que la clase política aún no alcanza la mayoría de edad, que no tienen la dimensión que estos tienen y se demanda de quienes nos dirigen.

El mensaje que nos dejan es que es preferible imponerse con la fuerza que les da el poder a entablar un diálogo del que surja un nuevo texto constitucional, establecer un mecanismo legal que permita que nuestra futura Carta Magna tenga amortiguadores que le sirvan para balancearse ante los cambios de la política y de los tiempos, de lo contrario, entre la selva y nosotros no hay mucha diferencia.