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Reconciliarse con la naturaleza

No salía de mi sorpresa con lo que estaba escuchando. Mis interlocutores decían con mucha convicción frases como “el cambio siempre ha existido”, “¿cambio climático? ¡ojalá, porque hace mucho calor y sería bueno algo de frío”.

Me encontraba en San Pedro Sula, en un evento público de concienciación sobre el cambio climático y la importancia de la acción individual y colectiva en este tema, una iniciativa privada en el marco de la responsabilidad social empresarial (RSE). En ese momento, hace pocos años, me di cuenta que yo tenía la percepción equivocada al pensar que el gran tema del cambio climático y sus efectos para la humanidad era un asunto muy conocido por todos, sobre el que la información estaba tan a la mano, que era prácticamente imposible no saber algo de él.

Allí, a través de algunas preguntas que las empresas participantes hacían para premiar respuestas acertadas como parte de la estrategia de comunicación, supe que existía un enorme vacío de información y concienciación en los adultos mayores –las generaciones llamadas baby boomers y X- con un panorama menos sombrío en jóvenes y niños. Mi sorpresa fue mayor cuando años después, ya en la actualidad, encontré el mismo nivel de conocimiento en el discurso del ahora presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En este caso, resulta difícil imaginar la falta de información, evidentemente sus palabras corresponden a grandes intereses económicos y un estilo de vida que favorece el consumo desmesurado; sin embargo, su enorme influencia significa un riesgo para cualquier intento por generar conciencia sobre el cambio climático.

Como si se tratara de un líder antagónico –en este tema como en otros de carácter humanitario- el Papa Francisco hace el contrapeso a los mensajes egoístas y sarcásticos de Trump. Basta recordar la visita del mandatario estadunidense al Vaticano, en mayo del presente año; haciendo buen uso de los recursos que le ofrece la diplomacia, el obsequio que entregó el Jefe de Estado anfitrión fue su encíclica “Laudato Sí”, un llamado urgente a la protección del medio ambiente.

Seguramente Trump no tendría interés en el documento, también conocido como “la encíclica verde” por su contenido ecológico y el llamado a cuidar la casa común, así como el valor de la vida humana y la familia. El mensaje a la opinión pública mundial fue contundente.

Hoy, el Papa Francisco, en su visita a Colombia y en pleno revolú causado por la fuerte temporada de huracanes, hace nuevamente el llamado a la reconciliación con la naturaleza, “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes”, expresó en una de las misas que ofreció en aquel país. Es un verdadero reto ablandar mentes y corazones de líderes mundiales e intereses económicos detrás de ellos; pero igualmente lo es crear conciencia en la población mundial, educar no solamente a niños y jóvenes, sino de manera particular a los adultos, aquellos que ni siquiera estuvimos expuestos a alguna clase de educación media o superior sobre temas ambientales.

Durante mucho tiempo, el cambio climático y otros temas sobre el medio ambiente han sido abordados desde los tecnicismos. Hemos olvidado que, cuando algo resulta difícil de comprender y asimilar, las personas perdemos interés.

Es muy probable que haya faltado humildad para reconocer que los mensajes deben ser adaptados a los públicos a los que van dirigidos. Es urgente la acción articulada entre instancias de gobierno, la empresa privada y las organizaciones ambientalistas, para lograr un cambio de actitudes y conductas adecuadas a la realidad del escenario mundial.

En momentos como éste, en el que la incertidumbre aumenta debido a los desastres ocasionados por fenómenos naturales, como huracanes y terremotos, sentimos un enorme llamado de atención a volver a nuestros orígenes y recordar que somos solamente parte de un todo y no los amos del planeta. Cuando la soberbia, el egoísmo y la avaricia parecen apoderarse del mundo, la naturaleza nos hace recordar lo pequeños que somos, la relevancia que tiene la acción por el planeta en todas partes del mundo y que en este como en muchos casos las fronteras no funcionan, pues al final son mera invención del ser humano.

De vez en cuando, situaciones catastróficas nos demuestran la enorme vulnerabilidad del ser humano y nos cuentan de dónde viene el poder verdadero. ¿Comprenderemos el mensaje?