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La primera imagen de Honduras

Dejemos a un lado el aterrizaje en Toncontín, eso ya casi no cuenta. La pericia y experiencia de los pilotos, así como los modernos sistemas de navegación aérea prácticamente han reducido al mínimo las dificultades (aunque no el miedo de quienes conocemos la pista).

El verdadero problema lo enfrentan los viajeros en cuanto abandonan el área de Migración y Aduanas.

Ahí, propios y extraños, turistas, hombres de negocios y funcionarios de instituciones internacionales tienen que lidiar con el creciente número de limosneros, pedigüeños y otros tipos de indigentes que atacan a los visitantes ofreciendo una desagradable primera imagen de Honduras.

Desde una señora en silla de ruedas que incomoda a todos los que hacen uso del área de comidas en el segundo nivel o alguien pretendiendo ser sordomudo que, con malas maneras, quiere que uno lea un documento donde se relatan sus incontables males y sufrimientos, hasta una mujer tirada en el suelo con sus dos niños -al mejor estilo legendario de Calcuta- intentando provocar lástima y piedad a cambio de unos billetes.

Cierto, nuestro país es pobre, tenemos mucha miseria y es imposible ocultarla, basta dar una vuelta por los barrios marginales para conocer la realidad (la que posiblemente todos saben aún antes de llegar a Honduras). Pero no es necesario incomodar al visitante que, de paso, está pagando cerca de $ 40.00 por el uso de la terminal y que deberían ser garantía de un acceso rápido, cómodo y tranquilo.

Déjenlo que salga del aeropuerto, ahí de todas maneras y sin poder evitarlo sabrá quiénes somos y cómo nos está yendo desde que nos iniciamos como nación, si eso es lo que busca y a él le importa. La empresa administradora de los aeropuertos debería interesarse en que la primera impresión que se lleven los que vienen a Honduras sea agradable, no hace falta remacharles nuestra miseria.

Bastará con ver en cualquier diario la lista de ciudades y pueblos que no tendrán energía eléctrica cada día (sin que hayamos tenido un huracán ni otra catástrofe natural) para que todos se den cuenta de quiénes somos y cómo la estamos pasando.

Debe prohibirse el ingreso de limosneros al Toncontín y a todas las terminales nacionales e internacionales y debe ser de inmediato. No hace falta una legislación especial ni nada más, solo tomar una decisión valiente y necesaria para la imagen de nuestro país.

O, al menos y como he visto en otros aeropuertos de países más avanzados, (Houston, Miami y JFK en los Estados Unidos, Orly y Charles de Gaulle en Francia) construir un kiosco o lugar especial y colocar ahí a los indigentes para que, desde un lugar controlado, traten de provocar piedad en los visitantes sin afectar la primera impresión que se lleven de Honduras.

¿Por qué a algunos les importa tan poco la imagen de nuestro país? ¿Será que también -aunque quizá en otra escala- se lucran de la compasión internacional?

Si es así deberían de organizar tours (pagados desde luego) por los barrios marginales, de manera que puedan explotar nuestra miseria desde la comodidad del aire acondicionado de buses “Pullman”.

Asegúrense, sí, de llevar suficiente vigilancia, no vaya a ser que los turistas conozcan, además de nuestros cinturones de miseria, lo peligroso de nuestros criminales.