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100 días de horror

Dado que se aproxima el día 100 de Donald Trump en el cargo, se dice que el personal de la Casa Blanca está tratando, desesperadamente, de “reetiquetar” el colosal fracaso de los primeros 100 días como alguna especie de éxito.

Se ha obstaculizado la agenda legislativa de Trump. No ha cesado el goteo de noticias negativas sobre las conexiones entre allegados a la campaña electoral y Rusia – y los esfuerzos de Rusia para afectar nuestras elecciones. El parece no tener una estrategia real para gobernar, como no sea hacer pucheros y regodearse. Sus asesores parecen perros y gatos. Y la población se ha vuelto en su contra a un grado histórico.

Hasta ahora, su fracaso, supongo, debería darles a los insumisos, como yo, cierto ápice de alegría, pero debo confesar que no es así. O, más precisamente, si es así, a esa alegría la supera la letanía escalonada de los horrores cotidianos que ha infligido Trump.

Los horrores son tanto avasalladores como extenuantes. Para mí, en este momento, se centran en la erosión de la igualdad. Esto, por ningún motivo, minimiza las incesantes mentiras de Trump, la indignación de que esté drenando a la hacienda pública con sus viajes personales o su giro inquietante hacia la guerra. Sin embargo, un poco por debajo del radar o, por lo menos, con menos fanfarrias, nuestro acceso, inclusión y justicia están bajo el asedio de un hombre que mintió en la campaña electoral, prometiendo promoverlos.

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Cuando era candidato, Trump explotó contra Jeb Bush, quien cuando respondía una pregunta sobre rescindir el fondeo para la organización Planned Parenthood sugirió que el gobierno federal había sobrefinanciado a la atención de la salud de las mujeres.

En el programa Morning Joe de MSNBC, Trump parloteó con Mika Brzezinski lo siguiente: “El tema de la salud de las mujeres, que Jeb Bush trató tan asombrosamente acá y allá hace cuatro o cinco días, cuando dijo que “ningún dinero será para los temas de salud de las mujeres” o, esencialmente, eso. Conmigo, Mika, yo sería el mejor para las mujeres, el mejor para los temas de las salud de las mujeres”.

Bueno, la semana pasada, ese mismísimo hombre firmó, discretamente, una legislación “orientada a eliminar el fondeo federal para Planned Parenthood y otras organizaciones que hacen abortos”, según “The New York Times”. Como explicó “The Times”, con esa ley se permitirá que los gobiernos estatales y locales retengan “el financiamiento federal para los servicios de planeación familiar relacionados con la anticoncepción, las infecciones de transmisión sexual, la fertilidad, la atención del embarazo, y los exámenes para detectar cánceres de mama y cervical de los prestadores calificados de servicios sanitarios, sin importar si también hacen abortos”.

Cuando era candidato, Trump dijo que era mejor amigo de la comunidad LGBT que Hillary Clinton, y tuiteó sobre ella que “Lucharé por ustedes” y, en una entrevista en el programa Today de la NBC, dijo que los transgénero “deberían utilizar el baño que consideraran apropiado”.

Como presidente, su gobierno rescindió las protecciones para los estudiantes transgénero en las escuelas públicas de la era de Obama que les permitían usar los baños que correspondieran a su identidad de género.

Como candidato, despectivamente, Trump amonestó a los electores negros con la pregunta: ¿Qué demonios tienen que perder?”, y sacó un “Pacto nuevo para el Estados Unidos negro” en el que prometía que “Aplicaremos la ley justa e igualitariamente, y sin ningún prejuicio. Solo habrá un conjunto de normas; no será un sistema de justicia de dos niveles”.

Como presidente, su Departamento de Justicia ha dejado esta objeción a una ley discriminatoria sobre las credenciales de identificación en Texas. Apenas la semana pasada “Time” reportó: “El lunes, un juez falló por segunda ocasión que la estricta ley sobre la identificación electoral en Texas, se diseñó intencionalmente para discriminar en contra de las minorías, lo que sigue a otro tribunal que encontró evidencia de manipulaciones raciales en cómo los legisladores republicanos elaboraron los mapas electorales estatales.

Este Departamento de Justicia también ha “rescindido una directiva del gobierno de Obama, que apenas tenía seis meses, por la cual se buscaba reducir el uso gubernamental de las cárceles privadas”, como informó NBC News, y “ordenó una extensa revisión de los acuerdos federales con docenas de dependencias de las fuerzas del orden, mismo que refleja el énfasis del presidente Trump en la ley y el orden, y podría llevar a un apartamiento de los decretos de acuerdo extrajudicial con departamentos de policía en el ámbito nacional”, como lo reportó “The Times”.

El fiscal general Jeff Sessions dijo que esos decretos “pueden reducir la moral de los policías”.

Más aún, “The Washington Post” informó la semana pasada que Sessions había nombrado a Steven H. Cook como uno de sus principales lugartenientes y notó: “Los funcionarios de las fuerzas del orden dicen que Sessions y Cook están preparando un plan para procesar más casos de drogas y armas, y buscar las sentencias mínimas obligatorias. Los dos hombres están ansiosos por hacer volver la estrategia nacional contra el crimen de los 1980 y los 1990, en el punto máximo de la guerra contra las drogas, un enfoque que había caído de la gracia en los últimos años porque las comunidades de las minorías habían luchado con los efectos de las encarcelaciones masivas”.

Se está retrasando el reloj. Las poblaciones vulnerables están bajo un ataque sin cuartel por parte de este gobierno. Se trata de una guerra y ésa no es ninguna hipérbole, ni ninguna exageración. Mientras la gente está esperando que alguna revelación relacionada con Rusia surgirá de la oscuridad para hacer que este gobierno tenga una conclusión catastrófica, él está ocupado reconstruyendo y reforzando la arquitectura de opresión a plena vista.