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Hermanos liberales

Durante más de un siglo el Partido Liberal de Honduras ha constituido la formación política más grande y fuerte de Centro América. Mientras en Guatemala, para poner un ejemplo, la ciudadanía se agrupa de manera temporal meses antes de los procesos electorales y una vez pasados estos suelen desaparecer, en nuestros país la democracia se ha movido alrededor de verdaderas instituciones con un perfil doctrinario muy claro, una dirigencia fácil de identificar y una estructura que garantiza su permanencia en el tiempo. Desde el 5 de febrero de 1891, en que don Policarpo Bonilla, junto con otros patriotas, fundara el partido de la enseña roja, blanca y roja, este se convirtió en el cauce de las aspiraciones de la mayoría de los hondureños, y cada vez que se ha dado la coyuntura en la que el pueblo puede acudir a las urnas a manifestar su voluntad de manera libre, lejos de toda coacción y sin que se den irregularidades en el proceso, los liberales se han alzado con la victoria y formado gobierno. Luego, la historia nacional no nos deja mentir, desde el poder se han impulsado las reformas y se han ejecutado los proyectos que mayor beneficio han traído a la población hondureña.

Incluso, después de la fundación del Partido Nacional el liberalismo continuó siendo mayoritario y solo se mantuvo fuera del poder gracias a golpes militares o a contradicciones internas no superadas que generaron división y abstencionismo en sectores de su militancia. Cuando se retorna a la democracia, hace casi cuarenta años, el Partido Liberal muestra su pujanza, obtiene la mayoría en la Asamblea Nacional Constituyente y también resulta vencedor en los dos siguientes torneos electorales, y, de manera alterna, en tres elecciones más.

La crisis política de 2009 produjo un cisma aún no superado plenamente que condujo a la pérdida de dos elecciones de forma consecutiva. Parte de su membresía, ya por intereses personales, ya por desconocimiento del contexto regional en el que se dieron los acontecimientos, abandona el Partido y se une a un sector de la izquierda para fundar Libre o simplemente abandona toda militancia política.

Sin embargo, el Partido Liberal está lejos de estar muerto. Su doctrina, sus principios, sus valores, constituyen el mejor marco de pensamiento para llevar a Honduras por los caminos del desarrollo y de la paz. Pero, hermanos liberales, debemos respetarnos más, debemos madurar, debemos dejar de atacarnos entre nosotros mismos y dejar de actuar como si los enemigos están dentro. Los enemigos del Partido están en otras instituciones políticas y se alegran cuando nos ven pelear entre nosotros. Si no reforzamos la unidad Honduras pierde su única esperanza de redención. No nos perdamos.