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Que comience el espectáculo

En los últimos días y semanas se han llevado a cabo varias operaciones militares-policiales, las cuales han rendido ciertamente frutos y han arrojado a la luz datos interesantes sobre lo que pasa y cómo operan las esferas del crimen organizado.

Sin embargo, el hondureño incrédulo de casi todo, debido a años y años de corrupción, violencia e impunidad ha dejado de guardar esperanza de que algo realmente va a cambiar cuando se observa este tipo de “espectáculo”, el cual va acompañado de bombos y platillos, ya que desde antes de comenzar dichas operaciones vitorean a los cuatro vientos lo que se hará, dónde irán y a quiénes andan buscando, algo que desde un punto de vista lógico no tiene sentido, pues ponen en aviso a los cabecillas para que puedan escapar.

Los allanamientos, incautaciones y desmantelamiento de las supuestas redes criminales dejan muchos cabos sueltos, además de saber que en la mayoría de los casos los cerebros criminales logran evadir la justicia y no son tocados por el brazo de la ley. Para una red organizada de crimen que lava millones de dólares y tiene tentáculos activos por doquier esto no es más que, quizá, un pequeño golpe; por ello es imperativo que se logre neutralizar a las mentes maestras en esta compleja maraña. ¿Podemos darle el beneficio de la duda esta vez a las autoridades de que algo va a cambiar? Si escalamos un poco más sabemos que las élites corruptas, que son más culpables de la situación del país que las propias redes de crimen organizado porque son las que han permitido su operatividad a la vista y paciencia de todos, esas élites probablemente nunca caigan. Lastimosamente, nuestro legado a través de los años ha sido un cúmulo de representantes populistas que han mantenido al pueblo sumergido en la ignorancia. Solo cuando comencemos a ver las sentencias sobre los grandes corruptos con penas de cárcel, cuando la vida comience a valer, entonces podremos decir que comenzamos a ver la luz.