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Venezolanos en Colombia cambian de oficio para sobrevivir

Los venezolanos que han salido de su país por la crisis económica, de salud y alimentaria desarrollan en el vecino país trabajos en los que nunca habían pensado desenvolverse.

Jhonger Piña vende chocolates y galletas en el Transmilenio.
Jhonger Piña vende chocolates y galletas en el Transmilenio.

Bogotá, Colombia

Ni recolectaban café, ni eran bicitaxistas y, aún menos, vendían en autobuses. Los venezolanos no solo se han visto forzados a cambiar de país por la crisis. En Colombia debieron estrenarse en oficios que jamás pensaron. Quienes corren suerte se emplean en lo que saben, pero otros sobreviven de insospechadas maneras.

Forzados a migrar por una crisis que alterna la escasez de bienes básicos, la inseguridad y el riesgo de default, muchos además enfrentan una pérdida de “reconocimiento social” que los golpea sicológicamente por los trabajos que deben desempeñar, dice a la AFP Alexandra Castro, directora del Observatorio de Migración de la Universidad Externado de Colombia.

En los cafetales

Tiene 40 años y durante 10 ejerció como abogada en Portuguesa, Venezuela. Claudia Carvajalino se mira las manos y llora. Hace unos meses dejó los escritorios para desgranar matas de café en Ciudad Bolívar, departamento de Antioquia.

“Las uñas y las manos se me destrozaron pero, bueno, eso se recupera”, comenta. La resignación le dura poco. Es una experiencia “muy fuerte... se siente rabia, se siente impotencia”. En junio Carvajalino alistó maletas, se despidió de su esposo y sus dos hijos. La escasez apretaba y su mamá sufría de artrosis. Entonces viajó nueve horas en autobús hasta la ciudad fronteriza de Cúcuta en Colombia. Luego viajó a Medellín y decidió unirse a la cosecha. Se hospeda en la finca donde trabaja. Y tiene planes para diciembre: regresar a Venezuela, vender su auto y volver a Colombia, pero ahora con su familia.

Vendedor de chocolates. Jhonger Piña está irregularmente en Colombia. Entró en junio, tiene 25 años y teme ser deportado. Jeans, tenis y gorra, este venezolano evoca, sereno, su salida de Barquisimeto. El negocio familiar de frutas se vino abajo en medio de la hiperinflación y decidió migrar a Bogotá junto con un primo.

A este estudiante de ingeniería eléctrica le tocó subirse a Transmilenio, el sistema de transporte masivo de Bogotá. Con los pesos que le regalan los colombianos compra galletas y chocolates para vender. “Nunca pierdo la esperanza ni la fe de que mi Venezuela vuelva a ser la misma para poder estar allá”, afirma en una estación del sistema.

A pedalear en bicitaxi

Bienvenido a “Cedrizuela”. El tradicional barrio Cedritos, en el noreste de Bogotá, acoge a muchos migrantes venezolanos. Hace siete meses que Gregory Pacheco salió de su país y desde agosto trabaja allí. Tiene 29 años, estudió comunicación social y llegó a ser director comercial de importantes marcas.

Cuando aterrizó en Bogotá venía con otros planes. Le habían hablado bien del mercado publicitario y creía que se emplearía en lo suyo. Pero tuvo que seguir los pasos de otros compatriotas, subirse a un bicitaxi y buscar pasajeros en una estación de Transmilenio. Al dueño del vehículo le debe pagar 45,000 pesos diarios (15 dólares) y para ganarse 20 dólares pedalea más de 12 horas por jornada.

“Sabía que era duro, venía mentalizado, pero no me imaginé que iba a ser bicitaxista”, agrega.