Puede ayudar a su chico a hablar con más libertad si le asegura  que, sin contar las crisis, guardará sus secretos y le ofrece apoyo moral.
Puede ayudar a su chico a hablar con más libertad si le asegura que, sin contar las crisis, guardará sus secretos y le ofrece apoyo moral.

¿Por qué su hijo no quiere hablar con usted?

Es difícil ayudar a un joven que está enfadado o triste si este se rehúsa a tener una conversación con un adulto

Miami, Estados Unidos

La mayoría de los padres han visto a su hijo adolescente tener un humor razonablemente bueno al inicio del día para luego regresar de la escuela envuelto en una pesadumbre y un silencio estremecedores.

Es difícil apoyarlo cuando no dice qué le pasa, pero es mucho más difícil ayudar a un adolescente molesto cuando rechaza una invitación cálida para conversar sobre algún problema. Para calmar nuestras mentes y ser de más utilidad para ellos podemos considerar algunas de las más comunes, aunque muchas veces ignoradas, explicaciones de su reticencia.

1. Les preocupa una posible reacción equivocada. Nuestros hijos muchas veces nos conocen mejor que nosotros mismos, pues han pasado sus jóvenes vidas aprendiendo de nuestras respuestas impulsivas. Cuando un adolescente se siente terrible por reprobar un examen y sabe que lo más probable es que usted le diga que debería haber estudiado más, no querrá hablar.

2. Anticipan repercusiones negativas. Los padres que se enfocan en las preguntas limitadas a lo que estuvo mal pueden olvidar que los adolescentes, que tienen más información que nosotros, están pensando en el panorama general.

No siempre podemos evitar sentirnos algo moralistas cuando se trata de los adolescentes. Y, claro, hay adolescentes (y adultos) que se quedan atorados en rutinas que preocupan.

3. Saben que los padres a veces chismean. Muchas veces, los adolescentes están preocupados de que podríamos compartir con alguien más lo que nos dicen. Algunas veces solo nos damos cuenta en retrospectiva de que las noticias que divulgamos eran consideradas secretos máximos por nuestro adolescente. Y a veces nos cuentan cosas importantes —como noticias sobre un compañero suicida— que deben comunicarse.

Ya sea que le deba a su adolescente una disculpa por indiscreciones pasadas o esté tratando de hacer avances en el asunto, es justo y amable prometerle un alto grado de discreción en casa. Ellos merecen tener un lugar donde puedan procesar, o al menos enunciar, detalles delicados sobre sí mismos o sus opiniones sobre otros chicos con los que tienen que encontrar alguna manera de coexistir.

4. No creen que hablar sea una solución. Incluso cuando no conocemos la fuente del sufrimiento de nuestro hijo o hija, deberíamos actuar basados en la suposición de que nuestro adolescente se va a sentir mejor pronto. Por supuesto, hay bases sólidas para preocuparse cuando los adolescentes se sienten muy mal todos los días y no pueden recuperarse de sus reveses emocionales. Sin embargo, la mayoría de las veces el bienestar psicológico es como el bienestar físico: la gente sana se enferma, pero se recupera.

Hay más valor en ofrecer apoyo general y cariñoso del que podemos imaginar. Para los adolescentes es difícil mantener la perspectiva todo el tiempo. La rapidez del desarrollo adolescente a veces los hace perder su estabilidad emocional y les preocupa que nunca puedan sentirse bien de nuevo.