
La montaña del Cantoral fue famosa en un tiempo por la gran cantidad de venados, guatusas, armadillos y otros animales que eran perseguidos por los cazadores. Esta montaña está ubicada en el departamento de Francisco Morazán y pertenece a la jurisdicción de cedros.
Unos campesinos de la comunidad de Pueblo Nuevo subían a la montaña en busca de palomas azulonas que abundaban en el mes de enero; dichas aves tienen preferencia por una fruta roja que crece en arbustos a los que la gente del campo denomina frutico.
Guido y Osmán salieron una mañana decididos a conseguir animales silvestres como conejos, ardillas, cusucos, palomas azulonas y garrobos. Prepararon unas burras con frijoles parados, huevo en torta, queso y tortillas frescas, sin faltar un cumbo lleno de agua. Alistaron las huleras, nombre que le dan en esa zona del país a las hondas de hule, escogieron pedernales en el río como la munición más efectiva para conseguir las presas deseadas.
-Vos tenés buena puntería Osmán, por lo menos te podés echar unas cuantas azulonas.
- Tengo “vigiado” un conejo en la planada, antes de subir a la montañuela.
- Hoy si nos va a ir bien, ya vas a ver.
Al llegar a la planada se sorprendieron porque en los arbustos de frutico no había ni una sola azulona, a pesar de haber visto volar bandadas. Cuando se aproximaban buscaron las palomas en los árboles cercanos y en los matorrales sin resultados positivos.
-Qué extraño -dijo Guido- los fruticos están llenos de pelotillas rojas y las palomas no están aquí. Siguieron caminando hasta encontrar el camino que los conduciría a la cima de la montañuela y olvidaron la ausencia de las azulonas. Entre bromas y chistes comenzaron la ardua tarea de subir mirando hacia todos lados y con las hondas listas para disparar.
Habían subido durante media hora y apenas llegaban a la mitad de la montañuela, Osmán hizo una observación.
-¿Te has fijado Guido que no hemos escuchado ningún pájaro?
- Es verdad, aquí abundan las chorchas y los zorzales y no he visto ni oído el canto de esos animales.
-Pero ni piquetes se han cruzado en el camino, mmm, esto está muy extraño.
-¿No será que nos caerá una tormenta? Dice mi abuela que cuando los pájaros callan y se esconden es porque presienten que va a llover.
-Así es Guido, mi abuela dice que los animales presienten cuando algo malo puede suceder.
-Sí, pero acordate que a veces aunque no llueva los pájaros se esconden o abandonan sus nidos.
Siguieron subiendo por el camino sin quitar la vista de los árboles cercanos en busca de una ardilla u otro animal escondido entre las ramas. De repente escucharon murmullos y vieron que se acercaban unos hombres, cuatro de ellos cargaban un ataúd. Los muchachos se hicieron a un lado para dar paso a aquel inusual cortejo fúnebre, los hombres que caminaban adelante no los voltearon a ver, sin embargo, los que cargaban al muerto caminaban despacio, con pasos cortos. Los muchachos regresaron al camino. -¿Quién será el muerto? ¿Conociste a alguno de esos hombres?, preguntó Osmán.
Guido dijo: Jamás en mi vida los había visto, pero... pero en la montañuela no hay casas.
Pronto olvidaron el cortejo fúnebre y llegaron a la cima de la montañuela; cuando caminaban llevando listas sus hondas, detrás de unos arbustos saltó un conejo. Siendo expertos en la cacería supieron rodearlo y de un certero hondonazo Guido dio cuenta del animalito.
-Yo sabía que lo matarías Osmán - dijo Guido- Dejemos el conejo amarrado en este roble y sigamos buscando, mirá allá volaron unas palomas. Vamos.
Al mediodía se sentaron sobre unas rocas y sacaron las burras para almorzar, habían matado un conejo y cuatro azulonas, ambos tenían buena puntería con la honda y se sentían satisfechos de haber subido a la montañuela. Después de almorzar se tiraron sobre la grama, se sentían cansados y en poco tiempo se durmieron. Aquella que pensaron sería una corta siesta fue más allá, despertaron aproximadamente a las cinco de la tarde, quedaron sorprendidos.
-Qué barbaridad, ya está cayendo la tarde, fue fondeada la que nos pegamos, ja, ja, ja, ja. Mejor recojamos los animales y comenzamos a bajar, nos va a agarrar la noche.
Comenzaron a bajar por aquel camino estrecho, era más fácil subir que bajar debido a las irregularidades del terreno; a medida que avanzaban iba oscureciendo.
Guido comentó: Púchica Osmán, apenas vamos por la mitad del camino y se está haciendo de noche.
Cuando bajaban escucharon ruido de pasos, poco a poco se aproximaba a ellos un grupo de personas, había poca claridad cuando vieron a los hombres que encontraron por la mañana. Instintivamente se hicieron a un lado.
Los hombres iban subiendo en silencio y no se molestaron en mirarlos. Se llenaron de pánico cuando vieron que atrás de aquel grupo cuatro hombres cargaban el ataúd, uno de ellos tropezó y el féretro cayó al suelo, rodando por el camino. Vieron claramente cómo el muerto se salía, pero lo insólito es que el muerto se levantó, su rostro estaba lleno de gusanos, luego agarró el ataúd, lo acomodó en el suelo y se volvió a meter. Los cuatro hombres de nuevo cargaron el féretro y siguieron subiendo por el camino.
Los muchachos ni cuenta se dieron de a qué horas llegaron al pueblo, ambos fueron trasladados al hospital siquiátrico de Tegucigalpa, donde permanecieron durante un mes. Guido, que es el único sobreviviente de esta macabra historia, fue quien nos contó lo sucedido.