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Tolupanes descubren el mundo gracias a Internet

En 2014, el Gobierno instaló antenas y conectó a la comunidad con la red global. En 2016, algunos miembros de la tribu ya tienen cuentas en redes sociales.

Los tolupanes se conectan gratuitamente a la red.
Los tolupanes se conectan gratuitamente a la red.

San Pedro Sula, Honduras.

Desde tiempos prehispánicos, los tolupanes, quienes son bilingües, han vivido de una manera bastante primitiva y socialmente no han trascendido más allá de las fronteras de la tribu. Sin embargo, en los últimos meses han comenzado a ver el mundo.

Amílcar Martínez, actual secretario del consejo directivo de la tribu, por ejemplo, husmea de manera virtual todo lo que acontece en otros países, una acción que un año atrás le resultaba impensable realizar y que ahora le es tan cotidiana como ir a cultivar maíz.

Tiene 22 años de edad, pero aparenta muchos más. Las inmisericordes condiciones de pobreza en las cuales ha vivido le han asestado un golpe irreversible a su aspecto físico, más, en medio de la precariedad, Amílcar siente que por fin está descubriendo el mundo.

En noviembre de 2014, el Gobierno, por medio de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), instaló dos antenas parabólicas y una veintena de computadoras con conexión a Internet satelital en el centro de educación básica Rubén Martínez con la intención de impulsar el desarrollo de esta comunidad enclavada entre los abetos que tupen la Montaña de la Flor.

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Las palabras wifi, parabólica, internet y facebook son nuevas, por lo tanto, no tienen equivalente en la lengua tol.

Desde noviembre, religiosamente Amílcar se conecta a Internet, revisa una cuenta que abrió en Twitter y otra en Instagram, y luego lee las noticias en los diarios nacionales, como LA PRENSA, y en los extranjeros, incluida la cadena CNN en español.

Esta acción, que ya se ha convertido en casi un rito para él, la hace todos los días. Amílcar baja desde su casa, un habitáculo de paredes de bahareque de unos cinco metros cuadrados que está sobre una colina, y se aproxima hasta el radio de cobertura (de unos 50 metros) de la señal abierta de Internet originada en el centro de educación básica. “Los que tenemos celular siempre nos conectamos a Internet. Yo todos los días reviso Twitter y también Instagram, aunque no tengo seguidores. Las abrí porque un amigo me dijo que lo hiciera. También veo los canales de televisión y videos”, dijo Amílcar cuando les mostraba a los periodistas de LA PRENSA sus cuentas de redes sociales en un celular.

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Hasta hace un año, los tolupanes eran una de las etnias más postergadas del país.

Comunicados

Con la llegada de Internet, Amílcar se sintió animado y durante varios meses ahorró dinero para comprar por 1,200 lempiras (unos 55 dólares) un celular marca Huawei, el cual utiliza exclusivamente para navegar por Internet, pues en San Juan la señal de la telefonía móvil (de Tigo y Claro) no logra bañar de manera completa toda la zona.

“Internet y la tecnología nos puede ayudar a salir de la pobreza y nos podemos dar cuenta de lo que pasa en otros países. Necesitamos que el Gobierno nos siga apoyando porque no tenemos muchas cosas”, refirió Amílcar, quien se siente privilegiado de estar en la era virtual y por tener un celular. Cipriano Martínez, el cacique que gobernó la tribu tolupán durante varios años, no logró tener un celular y nunca se conectó a Internet. A mediados de 2015 murió a los 115 años de edad a causa de una neumonía, una enfermedad recurrente en la Montaña de la Flor; ahora ese cargo es desempeñado por Anastasio Martínez.

En San Juan no todos los hombres tienen la suerte de contar con un teléfono con sistema Android. Para comprar uno, como el de Amílcar, deben ahorrar el dinero que ganan al vender uno de los dos productos que más cosechan, el maíz, el cual está escaso en la comunidad porque las milpas resultaron afectadas por la extensa sequía sufrida en los últimos dos años.

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Ahora la llegada de Internet y las computadoras les permiten a las nuevas generaciones crecer y formarse con más oportunidades.

Dado que la economía es de subsistencia, basada en la agricultura primitiva dirigida por los hombres, las mujeres, quienes se encargan de las actividades domésticas, tienen menos posibilidades de comprar un teléfono porque raras veces logran obtener dinero.

Para conseguir dinero “de vez en cuando”, para el caso, Norma Martínez, quien radica en la misma colina adonde vive Amílcar, se dedica a tejer pequeñas canastas de suyate y carrizo (dos materias primas nativas) que luego, después de una eterna espera, les ofrece a los escasos visitantes que, en una semana, se cuentan con los dedos de las manos. “Es raro que venga gente. Cuando vienen a visitarnos les vendemos estas canastitas que pueden servir para poner tortillas o guardar aritos y collares”, dijo Norma.

Norma (23), madre de dos niños de 7 y 2 años y su hermana Dora Martínez (31), mamá de tres hijos de 9, 11 y 15 años, más otras mujeres parientes y sus vástagos conforman un enjambre de vendedores que cuando se enteran de que hay visitantes en la aldea salen disparados de las casas para vender los productos artesanales. Cuando bajan por las veredas gritan alegremente y entablan conversaciones en su lengua tol. Nadie les entiende.

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Los grandes también lo aprovechan para buscar oportunidades.

En cuestión de minutos, un visitante es sitiado por las mujeres y sus hijos que ofrecen en español las canastas a precios que van desde los L5.00 hasta los L30.00, según el tamaño.

Debido a que la oferta es mayor que la demanda, no todos tienen la fortuna de vender.

Norma, quien ya tiene conocimiento de la existencia de las redes sociales, ha estado pensando que ese problema se podría acabar si el consejo directivo de la tribu tolupán les ayuda a abrir una cuenta en Facebook para promocionar las canastas.