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Su hija le pedía que no se fuera, como si presintiera su muerte

Cuando sus compañeros llegaron, Nidia Johana Bejarano aún respiraba.

Nidia Bejarano, derecha, tenía buena relación con compañeros y jefes; el sábado celebró con ellos el  Día de la Madre, y el domingo con su familia.
Nidia Bejarano, derecha, tenía buena relación con compañeros y jefes; el sábado celebró con ellos el Día de la Madre, y el domingo con su familia.

San Pedro Sula, Honduras.

Nidia Johana Bejarano dejó llorando a su hija de tres años porque esta no quería que se fuera a trabajar, como si la pequeña presintiera que la muerte esperaba fuera de la casa a su mamá.

A la madre también se le humedecieron los ojos cuando se lo contó a su compañera de trabajo Wendy Castellón al llegar a la agencia del Banco Azteca, adonde laboraba.

“Su hijos eran el motor de su vida, siempre estaba hablando de llos”, manifestó Wendy al referirse a la pequeña Mía y Alex (de 11 años), quien cursa el primer curso en un colegio de La Lima.

Precisamente, Nidia Johana Bejaranao (de 33) iba a comprar los útiles escolares de Alex cuando fue arrollada por un pesado vehículo recolector de valores.

El hecho ocurrió el lunes por la tarde en la primera calle, entre 1 y 2 avenidas del barrio El Centro, a pocos metros de la agencia bancaria adonde ella laboraba como asesora financiera de Servicio al Cliente.



El sábado había estado celebrando anticipadamente el Día de Madre en un convivio que tuvo lugar en la agencia. Ella y otras dos madres compañeras fueron agasajadas por las institución bancaria con un almuerzo y un pastel.

“Era muy servicial, siempre estaba allí donde la necesitaban”, comentó su compañero Guillermo Cárcamo.

Recién había salido Nidia Johana a comprar los útiles cuando llegó a la agencia una persona para informar que en la calle estaba tendida una muchacha con el uniforme de Banco Azteca.

“Sabíamos que era ella, porque era la única que había salido en ese momento”, comentó Wendy Castellón.

Relató que cuando llegó con su compañero Guillermo, la muchacha todavía estaba viva, pero de repente abrió sus ojos, hizo un profundo suspiro y quedó rígida.

El atropellamiento fue presenciado por su esposo Edgardo Fuentes, quien la esperaba para irse juntos a casa.

La muerte la sorprendió después de haber estado en casa todo el domingo, Día de la Madre, con sus hijos y su esposo.