La hipertensión puede causar ataque cardiaco o accidente cerebrovascular (ACV).
La hipertensión puede causar ataque cardiaco o accidente cerebrovascular (ACV).

¿Ejercicio para la hipertensión? A la mayoría no les gusta la idea

Estados Unidos

Cuando se trata de bajar la presión arterial elevada, el ejercicio es más bien lo último que la gente quiere hacer, muestra una encuesta reciente.

Tomar una pastilla o una taza de té al día era mucho más preferible, encontró la encuesta de 1,400 personas.

Los investigadores de la Universidad de Yale preguntaron qué tratamiento o intervención parecían más atractivos, y encontraron que solo una inyección mensual puntuó menos que el ejercicio. Algo incluso más desalentador es que algunos encuestados no estaban dispuestos a adoptar ninguno de los cuatro tratamientos propuestos, aunque significara vivir uno o cinco años adicionales.

"Sospecho que muchas personas son renuentes a tomar medicamentos de por vida o a adoptar modificaciones en el estilo de vida, y eso podría deberse en parte a que muchos no creen que tendrá un gran efecto respecto a su bienestar", comentó la autora del estudio, la doctora Erica Spatz.

"No me sorprendió encontrar una cantidad significativa de personas que pensaban que incluso si esas intervenciones aumentaran su esperanza de vida, se mostrarían renuentes a adoptar [una]", añadió Spatz, profesora asistente de medicina cardiovascular e investigadora clínica en el Centro de Investigación y Evaluación de los Resultados de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale.

La hipertensión, que afecta a más o menos un tercio de los adultos estadounidenses, aumenta el riesgo de ataque cardiaco o accidente cerebrovascular (ACV), según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. Poco más de la mitad de los que sufren de hipertensión tienen la afección bajo control, dicen los CDC.

Las nuevas directrices publicadas a finales de 2017 por la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) y el Colegio Americano de Cardiología (American College of Cardiology) bajaron la definición de hipertensión a lecturas de 130/70 mm Hg o más altas, en lugar de 140/90 mm Hg o más altas, para permitir unas intervenciones más tempranas, tal como los cambios en el estilo de vida o los medicamentos.

En esta última encuesta, la mayoría de los participantes tenían menos de 45 años de edad, más o menos tres cuartas partes eran blancos, un 10 por ciento eran negros, un 7 por ciento eran hispanos y un 8 por ciento eran asiáticos. Alrededor de un 38 por ciento tenían antecedentes de hipertensión, comentó Spatz.

Los encuestados tenían cuatro opciones para tratar una hipertensión hipotética, que incluían tomar una pastilla, tomar una taza de té al día, hacer ejercicio o recibir una inyección mensual o semestral. Tomar una pastilla fue el tratamiento más popular, y un 79 por ciento dijeron que estarían dispuestos a hacerlo por un mes adicional de vida, un 90 por ciento por un año adicional, y un 96 por ciento por cinco años adicionales.

Tomar té a diario quedó en segundo lugar, y un 78 por ciento reportaron que lo harían por un mes adicional de vida, un 91 por ciento por un año adicional, y un 96 por ciento por cinco años adicionales de vida.

El ejercicio quedó por debajo de eso, y un 63 por ciento de los encuestados dijeron que estarían dispuestos a hacerlo por un mes adicional de vida. Por otra parte, un 84 por ciento dijeron que harían ejercicio por un año adicional de vida, y un 93 por ciento harían ejercicio por cinco años adicionales.

Apenas un 68 por ciento de los participantes optarían por una inyección terapéutica cada seis meses si se tradujera en un mes adicional de vida, un 85 por ciento por un año adicional de vida, y un 93 por ciento por cinco años adicionales.

Pero si la inyección fuera mensual, solo un 51 por ciento de los encuestados la recibiría por un mes adicional de vida, un 74 por ciento .por un año adicional, y un 88 por ciento por cinco años adicionales.

Spatz dijo que las directrices diagnósticas de la hipertensión recién modificadas presentan una "enorme oportunidad" para que los proveedores de atención de la salud se comuniquen más con los pacientes sobre las opciones para reducir su presión arterial. También es una oportunidad para clarificar por qué los pacientes quizá no estén tan dispuestos a adoptar un tratamiento en lugar de otro, planteó.

La Asociación Americana del Corazón recomienda la actividad física regular y otros cambios en el estilo de vida, como una alimentación saludable, dejar el alcohol, controlar el peso y dejar de fumar, para prevenir la hipertensión.

"Mientras más podamos sacar a la luz los aspectos negativos de las terapias (la incomodidad de hacer ejercicio o de tomar una pastilla cada día), más podremos estar en sintonía con los pacientes sobre las formas de facilitar y quizá desmentir algunos de esos mitos", señaló Spatz.

"Creo que damos recomendaciones muy bien... pero no siempre somos sensibles sobre las pequeñas incomodidades que pueden ser importantes en la vida de una persona", añadió. "Lo hacemos realmente bien al hablar sobre los efectos secundarios, pero no tan bien sobre cómo llegará en realidad al gimnasio o cómo se organizará para incluirlo en su día".

Spatz reconoció que su investigación tiene varias limitaciones, entre ellas que los encuestados eran más bien jóvenes, y que tampoco se les informó sobre la capacidad real de alargar la vida de cada intervención para la hipertensión.

Anotó que el ejercicio podría parecer una opción más atractiva para los hipertensos si sus esfuerzos se correspondieran rápidamente con unas medidas más bajas, pero que sus beneficios más abstractos, tal como la prevención del ataque cardiaco o el ACV, tal vez no ofrezcan suficiente incentivo.

"Comprenden el valor del ejercicio y traducirlo en cantidades o historias para la gente podría ayudar a aumentar su entusiasmo", dijo Spatz.

El Dr. Alon Gitig, cardiólogo en el Grupo Médico Riverside de Mount Sinai en Yonkers, Nueva York, concurrió en que motivar a las personas para que hagan ejercicio "es una tarea muy ardua".

"Este estudio subraya la inclinación natural de la gente a resistirse a la idea de comenzar a hacer ejercicio", dijo Gitig. "Es importante hablar con los pacientes sobre la ’actividad’ y no necesariamente sobre el ’ejercicio’, dado que hay evidencias abundantes que confirman que incluso unas cantidades más bajas de actividad ofrecen unos beneficios significativos para la salud".

"Lo más sorprendente para mí es el hecho de que menos de un 90 por ciento de [los participantes] harían ejercicio con regularidad para ganar un año completo de vida adicional", añadió Gitig, que no participó en la nueva investigación.

"Es más difícil cambiar la mentalidad de la gente a una edad más avanzada para lograr que hagan ejercicio, así que comenzar a desarrollar el hábito a una edad temprana es esencial", anotó Gitig. "Pero al mismo tiempo, las personas más jóvenes que se sienten bien y sanas, sin problemas médicos concretos a la vista, con frecuencia relegan el ejercicio a una posición más baja en su lista de prioridades".

El estudio se presentó el sábado en una reunión de la Asociación Americana del Corazón en Arlington, Virginia. Las investigaciones presentadas en conferencias científicas normalmente no han sido revisadas por profesionales ni publicadas, y los resultados se consideran preliminares.