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Uno de cada 7 jóvenes es víctima de acecho

Los mensajes no deseados, por ejemplo de voz y de texto, son formas más comunes de acechar

Las víctimas de acecho son más propensas a mostrar señales de estrés postraumático y trastornos del estado de ánimo (incluyendo la depresión), y parecen tener menos esperanzas.
Las víctimas de acecho son más propensas a mostrar señales de estrés postraumático y trastornos del estado de ánimo (incluyendo la depresión), y parecen tener menos esperanzas.

Redacción.

Alrededor de uno de cada siete jóvenes de sexto a noveno grados ha sido víctima de acecho, lo que puede aumentar su riesgo de abuso de sustancias, violencia en las relaciones románticas y otros peligros, encuentra una encuesta de Estados Unidos.

La investigación no confirma que ser acechado hace que sea más probable que un adolescente realice conductas riesgosas o se convierta en víctima de otras formas de violencia.

Pero los hallazgos sí plantean la idea de que el acecho entre los adolescentes es un peligro más allá del miedo y el peligro que crea.

“El acecho adolescente es una amenaza de salud pública. Muchos niños están siendo acechados”, afirmó Dennis Reidy, científico conductual de la división de prevención de la violencia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EUA. Reidy es el autor principal del estudio que reporta los hallazgos de la encuesta.

Investiga. Según Reidy, se sabe poco sobre la prevalencia del acecho entre los jóvenes. Solo un estudio ha examinado el tema antes, dijo, y solo observó estudiantes de Kentucky.

El nuevo estudio se basó en una encuesta escrita de 2013 a más de 1.200 estudiantes, con una edad promedio de 14 años, de sexto a noveno grado en 13 escuelas estadounidenses. Más o menos dos tercios de los participantes eran blancos.

Proceso. Los estudiantes recibieron información básica sobre el acecho, y entonces se planteó: “A veces una persona intenta tener una relación sin saber que la otra persona no lo desea.
¿Con qué frecuencia te ha perseguido una persona, con el objetivo de comenzar o iniciar una relación que no deseabas?”.

Entonces, los estudiantes respondieron a una serie de 19 preguntas sobre la frecuencia con que experimentaban indicadores del acecho, como recibir mensajes no deseados en línea y por otros medios, que los siguieran, que los amenazaran o que les hicieran un daño físico.

Los investigadores dividieron entonces a los estudiantes en tres grupos: los que no habían sido víctimas de acecho, los que se habían visto expuestos a un nivel “mínimo” de acecho (poco más de un tercio de los jóvenes) y las víctimas de acecho.

Los resultados mostraron que alrededor de un 14% de las hembras y más o menos un 13% de los varones habían sido víctimas de acecho.

Los mensajes no deseados, por ejemplo mensajes de voz y de texto, estaban entre las formas más comunes de acecho.

¿Qué debe hacerse?. Reidy apuntó que el programa Dating Matters (algo así como temas de citas) de los CDC es una buena herramienta educativa sobre las relaciones románticas sanas. E instó a los padres a hablar con sus hijos sobre las conductas aceptables durante las relaciones románticas. De esa forma, planteó, “sus hijos pueden decirles que fulanito me manda correos electrónicos, me llama, aparece en los sitios y es más bien insistente”.

Las escuelas y las agencias del orden también pueden intervenir. Reidy anotó que las órdenes de alejamiento podrían ser una opción en algunos casos, aunque las políticas difieren.
Pero en algunos casos, reconoció, “es difícil diferenciar entre el acecho y un adolescente torpe y que busca afecto”.

Otra opinión. Una experta en salud mental anotó que los acechadores adolescentes con frecuencia parecen más obvios que los adultos.

La investigación en Australia ha sugerido que “los adolescentes prefieren formas muy directas de acecho (como llamar por teléfono, enviar mensajes de texto o acercarse a la víctima) en lugar de los tipos más sutiles de acecho que se ve en los adultos, como mantener a la persona bajo vigilancia, seguirlos o merodear por sus casas”, dijo Rosemary Purcell, directora de investigación de Orygen de Australia, el Centro Nacional de Excelencia en la Salud Mental Juvenil.

“Los adolescentes también tienen unas tasas más altas de amenazas y asaltos a sus víctimas que los adultos. Es probable que esto refleje los problemas con el control de los insultos y su deseo de gratificación instantánea”, explicó.