¿Puede un pedazo de hojalata lleno de cables, que dedica el día a recoger basura, despertar tanta ternura como un bebé? Bajo el auspicio de Pixar, sí. La productora artífice de 'Ratatouille' y 'Buscando a Nemo' ha creado 'Wall-E', una película que supone un salto cualitativo en el mundo de la animación y la mayor apuesta de la otrora empresa de Apple.
'Wall-E' —siglas de Waste Allocation Load Lifter Earth-Class— es el último robot sobre la faz de la tierra. Los humanos, tras contaminar y convertir el planeta en un lugar inhabitable, lo han abandonado para colonizar la luna y el mundo exterior. Sin embargo, olvidaron desconectar a Wall-E, quien pasa el tiempo construyendo rascacielos de basura compactada, y recopilando todo tipo de objetos inservibles que almacena en el camión de basura que le sirve de vivienda.
Con la única compañía de una cucaracha y las cintas de vídeo de musicales antiguos que ve una y otra vez, transcurre la existencia de Wall-E, con un inconveniente: ha desarrollado sentimientos. El pequeño robot —una especie de Lina Morgan espacial, a juzgar por la cantidad de meteduras de pata y tropiezos que protagoniza— se siente solo. Pero un día, todo cambia. Eva es enviada a la Tierra. Se trata de un robot de última generación, que responde al nombre de la primera fémina, y que dejará prendado a Wall-E. Y por el amor «de una mujer» —como Adán— no dudará en emprender un viaje por el espacio exterior tras su amada, que le llevará a dar con sus huesos —perdón, con sus tuercas— en la nave en la que reside la raza humana, convertida en una panda de obesos. Escrita y dirigida por Andrew Stanton, el artífice de 'Buscando a Nemo', 'Wall-E' propone una historia plagada de mensajes ecologistas, pero lejos del tono moralista que suele acompañar este tipo de cintas. Wall-E no es más que un observador del mundo que viene, al que mira desde la perspectiva de un bebé, lo que provoca situaciones cómicas. |
|